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Dietrich:“Ya fracasó en el pasado un ministro superpoderoso”

El titular de Transporte admite que falló la “articulación” del equipo económico, pero defiende a Quintana y Lopetegui. “La crisis duró 15 días y fue muy intensa”, evalúa. 19|05|18

Guillermo “Guillo” Dietrich es el ministro de Transporte. A su cargo tiene el 63% de las obras públicas. En una entrevista con PERFIL, en el piso 12 del Palacio de Hacienda, y con una bicicleta a metros del sillón de su despacho, habla del futuro de las obras –anunció el Gobierno que sufrirán un recorte– y del gabinete económico, y defiende a los ministros coordinadores cuestionados durante la crisis.

—Macri admitió falta de coordinación en el gabinete económico, ¿tiene que cambiar la forma de tomar decisiones?
—Desde el ministerio, estoy convencido de que la estructura con la Jefatura de Gabinete es muy buena. Es criticada pero no hay dimensión de lo que es la maximización de hacer política, que no es juntarse a tomar café y hacer “rosca”, sino gestionar, hacer que las cosas pasen. Y para eso tenés que estar encima de las cosas, como pasaba con Horacio (Rodríguez Larreta) en la Ciudad y hoy con Marcos (Peña), Gustavo (Lopetegui, quien coordina el área) y Mario (Quintana). Con un Macri que se mete mucho. Es correcta esta estructura de funcionamiento, no es casualidad que en cuatro años se estén haciendo más autopistas que en los últimos sesenta. Por otro lado, en el gabinete económico se necesitan muchos focos...

—¿No convendría un ministro fuerte con la visión global?
—La visión global está en un Presidente, en la Jefatura de Gabinete y en las coordinaciones. No es necesario que Nico Dujovne sepa en detalle cómo estructuramos las licitaciones de PPP. El sistema político es bastante verticalista: no es lo mismo ser ministro que subsecretario. Sería un error, y ha fracasado en el pasado un ministro superpoderoso. Sea quien fuese, aunque venga la persona más capacitada del mundo. Lo que necesitás es una buena coordinación, que es lo que tenemos. También, la articulación pudo haber fallado en algún momento, en un proceso donde hay que tomar decisiones a una gran velocidad. No se dimensiona la importancia de trabajar en equipo.

—Mario Quintana, como coordinador, fue el que se peleó con Sturzenegger...
—Estoy convencido de que tuvimos una crisis, que duró 15 días y fue muy intensa. Eso no puede empañar que el camino es muy exitoso, con resultados positivos: desde la obra pública a la generación de empleos. Pero es como un campeonato: venís ganando partidos y de repente perdiste 4 a 0 una vez.

—¿Ya pasó la crisis o hasta el acuerdo aún hay turbulencia?
—Ya pasó, sin perder la perspectiva de que estamos en un mundo cambiante. En nuestro país impacta más, pero también en Brasil y Uruguay.

—Un acuerdo con el Fondo implicará un recorte, si uno mira los números, sin tocar el gasto social, se pueden bajar obras públicas o quitar más subsidios y subir tarifas.
—Hay también un gasto corriente a mejorar: que Aerolíneas pase de perder 700 millones de dólares a llegar al equilibrio. El Belgrano Cargas, que recibió $ 2.500 millones en 2015, el año que viene recibirá unos $ 1.000 millones. Hay mucho de mala gestión de empresas públicas. En lo que respecta a obra pública, todas las que empezaron se terminan. Vamos a tener una inyección de PPP (sistema de obras con privados y el Estado) y estamos analizando lo que no arrancó, que quizá lo empezaremos después. El PPP no es infinito, es una herramienta muy buena que usa el mundo. Además, en la Argentina ya no hay más corrupción en obras públicas. Muchas empresas no venían por esto. Estamos viendo que no se afectó la confianza en el caso de los bancos, que financian a 15 años las obras.

—¿Qué caracteriza a Cambiemos en el poder?
—Es gente que no se la cree, que el poder no la ha transformado en algo distinto. Yo he tenido conversaciones con el gobierno kirchnerista y me decían: “Esto lo tengo que hablar con Cristina y ver en qué momento lo planteamos”. Era totalmente esquizofrénico el sistema. Hoy Macri se sienta con sus funcionarios y te pregunta, charlás, como con cualquier persona. Es la misma charla que tenés cuando te llama Macri a las 23.30 y te dice: “Me quedé pensando en tal tema”.

—¿Hay corrupción en las licitaciones?
—Gran parte de las obras de 2016 las había empezado el kirchnerismo y las terminamos nosotros. Si los empresarios dejaban el 5% por cada certificado de obra no tengo la más remota idea. La Justicia tiene que averiguarlo. Analizamos que en todos los contratos se haya pagado lo que sale. Estamos tranquilos en que nadie recibe un peso. Y no era tan difícil romper la cartelización: con las PPP hay diez empresas compitiendo con precios que no tienen nada que ver con los otros. En las licitaciones kirchneristas (hay una denuncia penal) se ofrecía una empresa por 691, otra por 692 y otra por 693. Hace cincuenta años que se habla de cartelización de la obra pública, y no existe más. En el kirchnerismo venía Lázaro Báez en primer lugar, Cristóbal López en segundo y después el resto. Hoy no existe eso.

Running, bicicleta y PlayStation

Guillermo Dietrich es deportista. De joven llegó a concursar como Iron Man, una aventura de alto rendimiento donde se realizan 3,8 kilómetros de natación, 180 kilómetros de bicicleta y 42 kilómetros de running. Hoy, con menos tiempo, le dedica largas horas al deporte.

—¿Sigue corriendo?
—Corro con Horacio (Rodríguez Larreta) miércoles por medio entre 7 y 9 kilómetros. Y yo trato de correr 20 a 30 kilómetros por semana. Los fines de semana corro con Javi (Javiera Alvarez Echagüe, su mujer), de 5 a 8 kilómetros. Me libera la cabeza.

—¿Y la bicicleta?
—Para venir al trabajo (vive a unas 25 cuadras). También voy al gimnasio. Ahora entreno con mi hijo de 17 años, que me hacía entrenar con él. Y salgo a correr con el de 11, que juega de 5 en River, y corrimos 10 kilómetros juntos. Y es muy bueno: corre en los intercolegiales. A los cuatro meses corría con ellos en el carrito hasta los 4 o 5 años, y después me acompañaron en bici. Pero donde más competimos es en la PlayStation con el FIFA. Son triangulares, y generalmente pierdo.



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