opinion

Perder la calle

. 2|06|18

Los últimos dos viernes consecutivos, el Centro porteño fue copado por multitudes que protestaron contra el Gobierno por sus decisiones económicas. Es la primera vez en los treinta meses de gestión que se dan tan seguido dos actos contundentes anti Macri.

Tiene lógica: tarifas, devaluación e inflación golpean con dureza en el hoy y, a partir de las turbulencias financieras, también en el mañana, donde Cambiemos mantenía a las expectativas como fortaleza.

Decíamos la semana pasada que estos mares de quejas no llegan, sin embargo, a ser capitalizados por opositores con chances de erigirse en opción real que pueda evitar la reelección presidencial. Al menos por estos tiempos.

Para el Gobierno, según sostienen fuentes oficiales, no es tan preocupante “perder la calle”: “No podemos perder lo que nunca tuvimos”, razona un funcionario en señal de desdén a las movilizaciones callejeras, propias y ajenas. Razonan que es una demostración más de “la vieja política”. Sí admite que les preocupa más el alza del malhumor social, sobre todo en aquéllos que votaron por Macri en el ballottage sin haberlo hecho en la primera vuelta.

El peronismo ha vuelto a olfatear posibles situaciones de crisis en una administración ajena y con vistas a una elección presidencial en poco más de un año. Aunque sea una verdad de Perogrullo, Macri no es Alfonsín ni De la Rúa. Pero algunos sectores peronistas (de la calle, de los pasillos y de los sillones), conservan ciertos tics más propios del “cuanto peor, mejor” que de una legítima competencia democrática por la alternancia en el poder.

No son mayoría ni siquiera dentro del peronismo, ni mucho menos, pero si el caldo social se espesa aún más, podrían aumentar los que se tientan a volver a ir por todo.



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