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Pacto de caballeros, aprietes y el fantasma de Lázaro: el detrás de escena de los arrepentidos

El primero en declarar fue De Goycoechea. Lo siguió Calcaterra y por último Sánchez Caballero. Los tres apuntaron a Baratta. 7|08|18

“Pacto de caballeros”. Con esa frase, algunos resumían este martes en los tribunales de Comodoro Py lo que había sucedido ayer con la presentación de Ángelo Calcaterra, primo hermano del presidente Mauricio Macri y ex dueño de IECSA, uno de las empresas alcanzadas por el “escándalo de los cuadernos”. Es que ayer, Calcaterra sorprendió. Se presentó temprano y cubrió con su declaración a Javier Sánchez Caballero, ex segundo de su compañía y sobre quien pesaba la sospecha de que se convertiría en “imputado colaborador”. Así, también, Calcaterra se evitó una posible foto incómoda. Si Sánchez Caballero se sumaba –como finalmente sucedió- a la ola de “arrepentimiento” que había inaugurado Juan Carlos De Goycoechea, ex Isolux, y apuntaba hacia “arriba” como exige la ley, Calcaterra podría quedar alcanzado. Pero en cambio, Calcaterra se presentó primero, pidió declarar y liberó el camino para ambos.

“No daba que Sánchez Caballero enfrentara todo solo. Ángelo no podía mirar para otro lado”, completaron cerca suyo. Es más, agregaban que las primeras charlas para ir en el sentido en el que finalmente fueron, comenzaron el viernes a la noche. Fue luego de que De Goycoechea se acogiera a la figura de “imputado colaborador”, una opción que en todos los casos comenzó a barajarse la tarde de ese mismo día, luego de que el juez Claudio Bonadio rechazara todos los pedidos de excarcelación. Allí, como admiten en el círculo íntimo de los imputados, jugó fuerte “el fantasma de Lázaro Báez”. La frase fue en referencia al santacruceño, que lleva más de dos años en prisión preventiva, por eso ante la denegatoria de excarcelación, los empresarios vieron que el futuro tras las rejas podía extenderse y el escenario comenzó a cambiar.

En Comodoro Py, los empresarios se victimizaron y apuntaron contra Roberto Baratta

De Goycoechea fue el primero. Habló de los pagos que entregaban extorsionados por el ex subsecretario Roberto Baratta, detalló que eran como “aportes de campaña” y negó que fueran los montos anotados por Centeno en su cuaderno. Explicó que eran cifras de alrededor de 100 mil o 200 mil dólares. De lo de Bonadio se fue a la sede de Cavia, de la Policía Federal, y pasó el fin de semana allí, sabiendo que el lunes lo encontraría libre, como finalmente sucedió.

Entonces se transformó en la imagen a seguir. En el anochecer de ese viernes, mientras De Goycoechea se iba a Cavia, en el estudio que lo representa a él, a Calcaterrea y a Sánchez Caballero: “Landaburu, Rosental y Aráoz de Lamadrid”, comenzó a delinearse el futuro del primo presidencial. En las oficinas del décimo piso de Cerrito al 1200, empezaron las conversaciones que se extendieron durante buena parte del fin de semana. Cerca del empresario sostienen que decidió su presentación después de hablarlo con su familia. En tanto que las mismas fuentes sostienen que el empresario es un “tipo de códigos” y pensaba que “no daba que un tipo de su empresa como Sánchez Caballero se coma el garrón sólo”·. Más agudos, otros conocedores del tema afirman que no le quedaba más remedio. “Si Sánchez Caballero hablaba, él caía”, resumen. En el entorno del funcionario dan por tierra con esta versión.

Al igual que De Goycoechea, Calcaterra negó que los montos entregados sean los mencionados por Centeno en su declaración. Según pudo saber PERFIL, Calcaterra habría admitido el pago de unos 200 mil dólares, una cifra muy inferior a la que consta en los cuadernos.

Calcaterra no admitió el pago de coimas, sino que insistió –al igual que De Goycoechea- que la plata que se les pedía era “para la campaña”. En ambos casos la explicación que dieron, y sobre la que también fueron otros de los indagados, es la presion que sufrían para cobrar las obras. Que los “aprietes” venían por el lado de que les demoraban los pagos de las obras, para luego “apretarlos” para que hicieran aporte para la campaña si querían que le descongelaran el dinero pendiente. “Es la estrategia de la victimización”, sintetizaban en Py. El nombre detrás de las “extorsiones” como señalan es el de Roberto Baratta. Por ahora es allí dónde todos cortan la cadena.



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