Tras dos semanas dificiles

En el oficialismo cambiaron por desconcierto el habitual optimismo

Fuera del equipo económico, hay ministros y segundas líneas golpeados y pesimistas. Algunos funcionarios se sintieron afuera de las decisiones. 12|05|18

El macrismo perdió su optimismo a prueba de balas. Por primera vez en casi dos años y medio, el Gobierno se mostró golpeado internamente. Por fuera del equipo de economía, gran parte de sus funcionarios se quedaron sin línea para explicar la situación en público y defender el rumbo. Los especialistas en medir (y fogonear) los climas en las redes sociales detectaron el bajón, tras la tanda de tarifazos, suba récord del dólar y pedido a las apuradas al FMI. Los gobernadores peronistas le declararon a Mauricio Macri su apoyo en punto muerto.

Hacia fuera, el oficialismo busca transmitir calma. Y lo hace al borde de la exageración. Después de una reunión casi de urgencia entre Macri y un grupo de empresarios en la Quinta de Olivos, ayer a la tarde el ministro de Producción, Francisco Cabrera, debutó como vocero de la tormenta. Desde Olivos, prometió en conferencia de prensa que las crisis del dólar “será historia en pocos días”. Pero a su vez admitió que existe un problema de liquidez.
Antes de esa cita, el Presidente se pegó a María Eugenia Vidal, quien mantiene un perfil bajo inusual. Inauguraron los talleres ferroviarios Mechita, en Bragado. “Por este camino hay futuro”, afirmó. Después almorzó con el ministro Nicolás Dujovne, recién llegado de Washington.

Convocatoria. La reunión de coordinación de los viernes en Olivos, esta vez tuvo convocatoria ampliada de ministros: estuvieron Marcos Peña y sus vicejefes de gabinete, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, más Dujovne, Rogelio Frigerio (Interior) Luis Caputo (Finanzas), Jorge Triaca (Trabajo), el canciller Jorge Faurie. La vicepresidenta Gabriela Michetti estuvo más temprano.

Hasta ayer, los funcionarios ajenos al team económico, como Frigerio y su tropa política, se habían mantenido al margen de la estrategia que terminó en una negociación con el Fondo. Algunos incluso no estaban demasiado contentos por ver ese desenlace desde afuera. Macri ayer buscó darle más cuerpo, al menos simbólicamente, al núcleo que toma las decisiones.

Además de la última ronda de encuentros, la corrida bancaria generó en una novedad en la comunicación del macrismo: los off the record oficiales, siempre orientados a relativizar cualquier tipo de crisis o mal momento, perdieron su entusiasmo habitual. “Lo de las tarifas pegó. Es nuestro peor momento”, analiza un estratega de redes cambiemita. “Nos tendremos que adaptar a lo que viene”, admitía un asesor presidencial desde Casa Rosada, después del mensaje de Macri sobre la necesidad de recurrir al FMI.

“Nos van a exigir más, pero no tenemos que tener miedo”, arengó Peña el miércoles pasado, en un intento voluntarioso por transmitir tranquilidad y ahuyentar las versiones de un ajuste importante a la vuelta de la esquina. La performance de Peña también buscaba bajar una línea discursiva hacia los propios, dirigentes y militantes, que habían entrado en un bache discursivo.

El 9 de marzo pasado, la conducción cambiemita blanqueaba en una reunión de Parque Norte que el objetivo de Macri era ir por la reelección en 2019. Y filtraba que el timbreo nacional del día siguiente, el primero de 2018, estaba conectado directamente con esa ambición. Hasta existía un eslogan: “Cambiando juntos”.

Solo dos meses después, ese optimismo (aunque todavía no el proyecto de la reelección) entró en una nebulosa. La reciente campaña sobre los méritos de la gestión macrista, unos 12 spots nacionales que se empezaron a difundir en TV, radio y redes, también parece haber quedado en offside. Las propagandas apuntaban a mostrar logros concretos de Cambiemos (un puente, una autopista o una red cloacal), narrados por sus beneficiarios. Ahora, el macrismo entró en una fase defensiva muy distinta al tono que, hasta hace un mes, daba por descontado un triunfo de Macri el año próximo.

El Presidente incluso tuvo que cancelar una actividad en la que iba a mezclar placer con proselitismo solapado: ir al Mundial. A un mes para que empiece el torneo, los voceros de Macri confirmaron que no estará en Rusia: ni en los partidos de argentina ni en la final.



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