Julieta Cardinali

Empresaria, artista y con proyectos

La actriz estrenó la película infantil Natacha, al tiempo que se prepara para el lanzamiento de su marca de ropa. Asegura que no tendría otro hijo por más que haya presiones sociales. 2|06|18

Julieta Cardinali tiene varios planes en carpeta. Algunos, largamente amasados, puede contarlos: el lanzamiento inminente de su propia marca de ropa, luego de trabajar a lo largo de ocho años para la diseñadora Clara Ibarguren. Otros, en cambio, debe mantenerlos en reserva por expreso pedido de quien la contrató, aunque formen parte de su faceta más conocida, la de actriz: están relacionados, eso se puede contar, con una miniserie producida por Telefé que se rodará en Argentina y España. Además, estrenó Natacha, la película, un largometraje destinado al público infantil y basado en un exitoso personaje literario creado por el músico y escritor Luis Pescetti. Y siguen las funciones de Mientras tanto, el espectáculo teatral que protagoniza con sus amigas Romina Richi y Leonora Balcarce en el Maipo Kabaret. La carrera de Cardinali incluye trabajos en cine, teatro y televisión. “Sería injusto que hablara de preferir. Me encantan el cine y la televisión. Los últimos años elegí hacer sobre todo cine porque tengo la posibilidad. Y estoy especialmente agradecida, porque en este país no es fácil tener la chance de elegir. Los tiempos del cine me gustan más que los de la tele, eso sí”.

Esos locos bajitos. En Natacha, la película, Cardinali es la mamá de la pequeña y simpática protagonista, encarnada por Antonia Brill. “Fue fácil hacer esta película porque a los chicos se les creó un ambiente muy lúdico –comenta la actriz–. Como ellos la pasaron bien y se hicieron amigos, las cosas fluyeron muy pronto. En un clima tan relajado es muy simple trabajar. La otra experiencia que tuve trabajando con chicos fue Valentín, una película de Alejandro Agresti de 2002. El nene era Rodrigo Noya, que tenía en aquel entonces 8 años y era una especie de superdotado para la actuación”.

Maternidad. Cardinali asegura que Natacha... “es una película que reivindica otro uso del tiempo por parte de los chicos, otro tipo de juegos que no tienen que ver con los celulares o las tablets. Rescata la infancia a la vieja usanza –subraya–. Cuando le leía los libros de Natacha a mi hija Charo, yo también me reconocía en ese mundo que plantea Pescetti”.     

Charo tiene 11 años y es la hija que Cardinali tuvo con el famoso músico Andrés Calamaro. Más de una vez la prensa le ha preguntado si tenía intenciones de quedar nuevamente embarazada. Y ella ha respondido, y responde, con convicción: “Mi maternidad está súper completa, no tengo ningún apuro por nada. Creo que hay algo de lo social que entra en juego, una especie de exigencia de tener más de un hijo. Estoy feliz con Charo, que hoy está genial. No tendría un hijo más por mandato, porque ‘hay que tenerlo’. Si en un futuro formo una pareja y los dos nos morimos de ganas de tener familia, puede ser”.

 

Sin odios ni rencores

Basada en dos de los nueve libros del músico y escritor Luis Pescetti, que logró convertir a su saga infantil en un auténtico éxito –1.500.000 ejemplares vendidos en Argentina, México y España–, Natacha, la película  se estrenó con una buena distribución: 12 salas entre Capital y Gran Buenos Aires y otras siete asignadas entre Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Puerto Madryn.     

Eduardo Pinto, el mismo director de Palermo Hollywood y Corralón, la definió como “una película sin odios ni rencores, de relaciones espontáneas entre los personajes”. Aunque sus largometrajes anteriores no tienen nada que ver con éste, Pinto estaba trabajando para Unicef cuando Fernanda Ribeiz, la codirectora, y Nicolás Battle, el productor, lo convocaron para que se sumara al proyecto.   

Ribeiz descubrió a Natacha cuando trabajaba como docente. Pescetti construyó el simpático personaje de fi-cción a partir de la observación aguda de una alumna suya. Y en la película se respeta a rajatabla la historia original: en el universo de los dos primeros libros de Natacha, que aparecieron hace años, no hay teléfonos celulares ni computadoras. Las historias son más clásicas, más parecidas a las de otra época, cuando jugar con un perro era jugar con un perro y no con una animación creada para una aplicación específica que lo reemplaza.


Alejandro Lingenti

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