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Infortunios precomiciales

Una competencia extraña, que cerró sin cierres, y necesitó más moderación. 22|10|17

La campaña, de por sí, fue rara.

En la provincia de Buenos Aires (“propietaria” del superpoblado conurbano que puede llegar a tener la última palabra en las presidenciales de 2019), Cambiemos optó por darle voz excluyente a quien no era candidata. De hecho, la gobernadora María Eugenia Vidal –“vocera testimonial” de su partido– fue la encargada de pedir los votos (“por favor”) y de poner la cara. Y, en la otra punta (Unidad Ciudadana), la expresidenta Cristina Fernández eligió dar un giro de 180 grados a sus usos como primera mandataria y se expuso a entrevistas periodísticas unipersonales.

Seguramente, la actividad de campaña de cada espacio político estuvo meticulosamente planificada por sus equipos de asesores en comunicación. Pero lo que parece haberse ido del programa –y esto no puede dejar de llamar la atención– han sido las frases extemporáneas (los exabruptos y las destemplanzas) de los propios candidatos.

Ya durante el período previo a las PASO, los especialistas habían recomendado el silencio de Esteban Bullrich. Tras sus deslices sobre los “pibes presos” y “ni una beba menos” –que evidencian no el cansancio (como él adujo), sino sus convicciones más profundas–, la imagen del candidato a senador quedó relegada a afiches callejeros que lo muestran en equipo. Mudo.

Por su parte, Cristina Fernández retornó del lunfardo chic (“too much”, “sorry”) al lunfardo vintage (“¡qué ispa!”, “Patricia Bullrich… está en curda”). En una muestra más de su búsqueda del voto popular, con el persistente tono indignado que trae desde las PASO, la expresidenta (candidata a senadora) llegó a calificar de “idiota” al ingeniero Macri, quien –le guste o le disguste a ella– debería ser tratado de modo diferente, si no por otro motivo, al menos por su investidura presidencial.

Pero la cereza del postre la puso Elisa Carrió. En esta última semana, particularmente compleja (como dijo nuestro Jefe de Estado en Uruguay), la candidata a diputada no pudo cometer peor desacierto. Y es que, por encima de su infundado –y absurdo– cálculo del 20% de posibilidades de que Santiago Maldonado estuviese en Chile, se permitió una desatinada comparación del cuerpo de Santiago, hallado el martes en el frío río Chubut, con el (mito) de Walt Disney.

No sé si estos “percances” de campaña –una campaña tan rara que se cerró sin cierres, seguida de un escrutinio sin cotillones– pueden asociarse científicamente con los resultados que han dado las urnas. Pero sí estoy segura de que un poco más de moderación y de prudencia en los candidatos redundaría en bienestar cívico. Y democrático. Para todas y para todos. 


(*) Doctora en Lingüística y directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés.



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