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Ahora se conocerá al verdadero Macri

Tras el nuevo triunfo electoral, y ahora conduciendo la mayor fuerza política del país, tendrá nuevas oportunidades y correrá nuevos riesgos. 23|10|17

Mauricio Macri llegó al gobierno por una serie de circunstancias extraordinarias que sorprendieron a todos. Incluso a él. Fue por poco más de dos puntos y nadie sabe qué hubiera sucedido si Aníbal Fernández no hubiera sido el candidato del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires.

Siendo la primera experiencia política que llegaba al gobierno sin ser ni peronista ni radical, con una diferencia mínima de votos con quien había gobernado doce años, con el siempre amenazante peronismo en la oposición y sin mayoría en ninguna de las cámaras, el macrismo se manejó muchas veces con una cautela política producto de esos condicionamientos políticos.

También desde lo económico, la desactivación de bombas como el cepo cambiario, la inflación, el conflicto con los fondos buitres y el déficit fiscal, lo obligó a flexibilizar un inicial impulso de medidas duras para dar lugar a lo que se llamó “gradualismo”.

El resultado de las PASO ya había demostrado que el macrismo ganó la batalla por la gobernabilidad, una cualidad que en la Argentina no resulta obvia para una administración que no se dice heredera de Perón.

Pero recién con la confirmación de que es la agrupación política más votada del país, se ratifica que esta alianza social inédita que suma porciones de distintas clases sociales, se afianza como opción permanente de poder.

Ahora, con la reiteración de un triunfo electoral tras el de 2015 y de las últimas PASO (en medio de un ajuste con crisis económica), habiéndole ganado a la propia Cristina Kirchner y con un peronismo que se mantiene dividido y con los primeros síntomas de cierta recuperación económica, el macrismo podrá demostrar su verdadera cara. Y todo indica que no será la misma que mostró hasta aquí.

Durante estos dos años, el Presidente dio señales de incomodidad por los límites que le imponían tanto la política como la economía. A su gen empresario le cuesta aceptar que haya medidas que no puedan ser aplicadas automáticamente: quizá ahora descubra el incentivo de que todo lo que piense puede convertirse en realidad.

Tener más poder le abre la posibilidad de ser más compasivo sin parecer débil y de dejar de usar la grieta como una herramienta que puede ser muy útil electoralmente pero que destruye el capital social del país.

También acrecienta el riesgo natural que conlleva el poder y que se conoce como hubris.

Si logra transformar el respaldo de estas elecciones en un motor adicional de su gestión para llevar a cabo lo que crea conveniente, para dar más previsibilidad a los inversores, sin la soberbia con la que tienta el triunfo, los próximos dos años pueden ser mejores para él y para todos.



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