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OPINIÓN

La muerte de Luciano Benjamín Menéndez

Una abogada y dos periodistas esbozan ideas sobre el perfil del represor varias veces condenado por la Justicia.

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A los 90 años murió quien fue dueño de la vida y la muerte en el Tercer Cuerpo de Ejército. | Atilio Orellano

MURIÓ COMO GENOCIDA

Por LYLLAN LUQUE 
Abogada querellante de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por razones políticas de Córdoba e H.I.J.O.S. en causa Menéndez IV

El 27 de febrero de 2018 se produjo un evento natural que fue el telón de fondo de nuestro día. La muerte puso fin a la vida de una persona que marcó políticamente a nuestra provincia y país desde la década de 1970. 
Según la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad de la Procuración General de la Nación, Luciano Benjamín Menéndez, exgeneral, fue condenado en 16 causas por delitos de lesa humanidad (14 veces a prisión perpetua). Al momento de su muerte se encontraba procesado en 49 causas y se hallaba investigado en otros 25 expedientes. 
Su prontuario marca la trascendencia de su rol en la dictadura cívico- militar. En sus apariciones públicas, en los procesos que terminaron con su condena o cuando algún medio o periodista habilitaba el espacio, siempre reivindicó su conducta y la de sus subordinados en lo que él denominaba una “guerra contra el enemigo marxista”. Nunca manifestó el más mínimo grado de empatía humana o arrepentimiento, para con los padecimientos de quienes fueron atrapados por la maquinaria que él ayudó a diseñar y que luego puso en funcionamiento. Mucho se ha dicho también sobre su carácter “monstruoso”. 
Coincido que cruzarse con él en la calle,en tribunales o en el médico no era agradable, pero gozó de los derechos que acuerda la ley. A nivel personal, siempre me pareció que su odio lo sostenía. Sin embargo, sigo negándome a considerar que sujetos como él y sus subordinados compartan atributos que los alejen de la humanidad. Por el contrario, compartieron con nosotros la calidad de individuos que junto con otros (aún impunes) eligieron, optaron y, por lo tanto, fueron y son responsables de la comisión de delitos contra toda la humanidad, delitos cometidos por humanos. Otros elegimos no estar enmarcados en esa opción que ellos reivindican. 
Pero que no se me entienda mal, esa humanidad se desplegó dentro del marco de un aparato organizado de poder del que él fue parte, al que ayudó a darle sus particularidades en las 10 provincias que estaban en la Zona III a su cargo. Tanto que dio forma a un pacto de sangre y silencio, que sería deseable se rompiera con su muerte. También en su humanidad fue utilizado por los que siempre han tenido el poder para despejar el tablero y realizar sus planes. 
Si hay algo monstruoso en su figura, es que representó cabalmente una forma de concebir lo social en que la tortura, la eliminación física, las violaciones, el robo, las apropiaciones de niños eran sostenibles como política de Estado. Formas de las que parece nunca acabamos de desprendernos, cuando todavía algunos reivindican la pena de muerte, formas de exclusión social y un país para pocos. Murió condenado jurídica y socialmente por el esfuerzo y perseverancia del movimiento de derechos humanos y de miles de personas de nuestro país. Murió como genocida.

NO HABLARÉ MAS

Por ANA MARIANI

Periodista


El impasible. Sentado siempre en la primera fila de la sala de audiencias. No lo perturbaban los flashes de las cámaras fotográficas ni las palabras de los testigos que relataban las atrocidades de las cuales era el principal responsable. 
Con la misma actitud impasible presenció los fusilamientos al borde de las fosas en el mayor campo de concentración y exterminio del interior del país, La Perla. En el noveno juicio por crímenes de lesa humanidad que se está realizando en Córdoba, el impasible, una vez más, afirmó que los juicios son “inconstitucionales” y “artificiales” y sus palabras finales fueron: “No hablaré más”. 
Presagio de lo que hoy se cumplió. Su fin en esta vida era la acción, el crimen, el creerse un salvador de la patria. Por eso, ante el grito “cobarde” y “asesino” de jóvenes que lo esperaban a la salida de un canal de televisión, reaccionó. Claro, era el año 1984, la impunidad todavía reinaba en el país. Y se convirtió en la fiera que siempre fue. 
Con un cuchillo en su mano, si no se lo im pedían, hubiera matado a quienes le gritaban la verdad. Podía permitir que le dijeran “asesino”, pero lo que más le dolió al impasible fue la palabra “cobarde”. A él, el salvador, encarnado en un dios con el dominio sobre la vida de miles de seres humanos, nadie podía gritarle “cobarde”. Pero Enrique Rosito pudo disparar su cámara y que la foto del impasible con el cuchillo en la mano diera la vuelta al mundo. Ese era Luciano Benjamín Menéndez. 
El que nunca dejó de ser “La Hiena”, “El Chacal”, el duro ante los que él consideraba militares “blandos”. Y su gran obsesión eran los que él llamaba los “rojos”. En 1977, declaró que estaba dispuesto a aniquilar a una generación si eso era necesario para derrotar al comunismo. Lo inhumano y lo inmoral iban de la mano del impasible para conseguir los fines de exterminar a quienes pensaran diferente y no estuvieran de acuerdo con lo que él consideraba el “orden” en una sociedad “sana”. 
Se convirtió en el exgeneral con más condenas perpetuas del país. ¡Triste manera de pasar a la historia!

EL INFIERNO DEL CHACAL

Por JORGE VASALO
Periodista

Luciano Benjamín Menéndez ya ocupa un lugar en el selecto grupo de los más infames genocidas de la historia mundial. Al frente del Comando Libertadores, y después del Tercer Cuerpo, cometió todas las atrocidades imposibles para la especie humana. Miles de jóvenes y no tanto, trabajadores y estudiantes, fueron masacrados bajo su diabólica mirada. Se dice que él mismo inauguró La Perla, asesinando al mecánico René Salamanca. 
Los sobrevivientes de este campo de concentración recuerdan sus visitas y también la del camión que llevaba los secuestrados al fusilamiento: era el Menéndez Benz. Gobernador en las sombras, cultivó buenas migas con monseñor Primatesta y, según parece, también con algunos políticos reciclados luego en la nueva democracia. 
En los juicios al terrorismo de Estado, el todopoderoso general repitió una y otra vez el pretexto del “comunismo y los soldados victoriosos”. Jamás se arrepintió de nada. Jamás reveló el destino de los desaparecidos. Jamás tuvo la mínima generosidad de decirle a Sonia Torres quiénes son los apropiadores de su nieto. Las nuevas generaciones necesitan saberlo: el Diablo también estuvo en Córdoba. 
Ahora y arriba, las tinieblas se ocuparán de él. Acá abajo, por siempre gritaremos “Menéndez, Nunca Más”.