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Santos murciélagos

La naturaleza contraataca. Siempre. 23|03|18

La naturaleza contraataca. Siempre.

En la maraña que los ciudadanos nos hemos tejido con hilos y felpas de redes sociales, finanzas y chamuyos queda poco lugar para Natura. Pero volvió la rabia, o siempre estuvo, esta vez en forma de murciélagos. Que Congreso está habitado por pequeños marsupiales voladores antes que por personas es una realidad que no admitimos: la noche es generosa y todo lo oculta. En el murciélago la rabia puede ser asintomática, pero cuando muerde al perro o al gato (no sé por qué los mordería, pero pasa) el índice de mortalidad es del 100%. En humanos es del 99,7%. Hay dos o tres que se han salvado de la rabia mediante un coma inducido pero hay que ver cómo vuelven después del coma. O sea que la amenaza ha estado siempre allí. Y hoy –a juzgar por las estadísticas– recrudece. Si se encuentra un murciélago, que es como un ET, hay que reducirlo y llevarlo al Pasteur a ver si está infectado. Pero ¿cuántos artistas, hombres de negocios o arquitectos son capaces de reducir a un murciélago?

Mi gata hoy atrapó una laucha en el jardín. La dejó renga e inconsciente. Nos hicimos preguntas sorprendentemente básicas: ¿qué hacer con el cadáver que no es tal? La gata no tuvo la delicadeza de ultimar a su víctima y nosotros no supimos muy bien cómo terminar el trabajo. ¿Con una piedra, un cuchillo? ¿Delante de los niños, a escondidas?

Así estamos. Si se empieza por discutir la licitud de matar estatalmente y en contra de toda biología a un niño de 11 años por la espalda, se termina no sabiendo cómo hacer con un ratón asesinado.



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