RIVER SE LLEVO LA SUPERCOPA DEL PAIS DEMEDIADO: ¿Y AHORA DE QUE HABLAMOS?

¡Que te han hecho, Danyel!

Un sobre en el escritorio, mi nombre escrito con tinta azul, Asch sin la letra ‘ce’. Adentro, un pendrive. Nada más. ¿Quién mandó esto? Misterio. 18|03|18

“Se había salvado solo una mitad, la derecha, perfectamente conservada, sin un rasguño, salvo el enorme desgarrón que lo había separado de la parte izquierda, saltada en pedazos. Los médicos, satisfechos. ¡Qué caso! Si no moría entretanto, hasta podían intentar salvarlo”.

Italo Calvino (1923-1985); de su novela “El vizconde demediado”: el sobrino habla de Medardo de Torralba; V (1952).

 

Un sobre en el escritorio, mi nombre escrito con tinta azul, Asch sin la letra ‘ce’. Adentro, un pendrive. Nada más. ¿Quién mandó esto? Misterio. Lo conecto, click. Es un audio. Click. Reconozco esa voz, reconozco esa frase mil veces repetida después del debate presidencial de 2015. Pero no, no puede ser. ¿O sí? La charla es tensa.

‒¡Pero qué te han hecho, Danyel! Parecés un vocal de D’Onofrio… Tu equipo es una tienda. Gastaste una fortuna y otra vez quedamos colgados de un pincel. No te sale una. Al final tiene razón Lily Carry-on. ¿Tengo que volver yo para que ganen algo más que un torneo de cabotaje? El mercado local no existe. ¡Tenemos que seducir al mundo!

‒No ligamos, jefe.

‒El que no ligó fue Nacho Fernández, que corrió 30 metros con el gordo Cardona atrás, con la lengua afuera, como un perrito que persigue a una moto. Ni lo rozó. Y el penal… Mirá, Danyel, esto es Defensores de Macri. Hay que ganar o ganar. ¡No tengo paz! Y encima, Christine…

‒¿Cristina?

‒Cristina no, Danyelito. ¡Christine, la Garde du Fond! Esa sí que juega en la Champions, no como nosotros, que pedimos la hora con Aldosivi. Para colmo la gente la sigue con el cantito. Estoy harto. Que Carlos se ponga las pilas, y Guillermo gane la Libertadores, o se acabaron los almuerzos. Y a los jugadores, vos andá y deciles…

Fin del archivo. Dios mío… ¡Están grabando a todo el mundo! ¿Serán, nomás, Danyel Angel Easy & the president Mauri, después del superclásico perdido en Mendoza? Si es así, hubo más compradores del sistema de espionaje Pegasus, desarrollado por la empresa israelí Net-and-you Group. Qué vergüenza. No es ético difundir algo así. Nadie lo haría.

Aun con el morbo del Boca-River, esta Supercopa estaba condenada de antemano. Era imposible, en solo 90 minutos, competir con la previa más larga del mundo. Dos meses de discusiones banales, gritos y estrafalarias teorías a partir del diario del lunes. El partido fue parejo, emotivo solo por el pánico a perder. El resultado, como a la verdad, lo impuso el poder. River pudo, Boca no.

Boca depende de su eficiencia. Si 2 + 2 no le suman 4, el equipo se diluye. Con la clase media debilitada, y los chicos se agrandan, gracias a la marca y el marco. Mano a mano, pifian. No tienen plan B.

Tevez está flaco, literalmente. Perdió frescura, precisión, la certeza de chocar y ganar. En Europa, donde no existen los enganches, encontró su lugar detrás del único punta. En la Selección, solo funcionó con Bielsa en Atenas 2004: 9 goleador y medalla de oro. Apareció Messi, y desapareció él.

Aburrido de ganar todo y pifiarles a los idiomas durante once años, volvió al barrio para tener un happy end. No fue lo que esperaba. El impulso alcanzó para ganar un título y descubrir una Argentina diferente a la idealizada por la nostalgia. Un país impaciente, voraz, solo fiel a sus fantasías. Casi que huyó a China, atraído por los millones y la idea de vivir sin tanta exigencia ni amores asfixiantes. Fue un fiasco, por primera vez.

Volvió vencido a la casita de los viejos, y ni el viejo criado, por la voz, lo reconoció. Entrenó tanto que quedó vacío. Guillermo, que tenía problemas pese a hacer caja con los puntos, sumó otro. Encontrarle lugar en un equipo que, lesionado Benedetto, sin Centurión y con Pavón quemando caucho, perdió todo balance. Así se gestó la tormenta perfecta de Mendoza. Tevez, que ni la tocó, incineró a Cardona, y Angel Easy fue Nerón. Peor no pudo salir.

River apretó los dientes y no jugó mucho mejor que el flojísimo equipo del fondo de la tabla. Pratto hace bien el trabajo sucio, poco para los brillosos 14 millones que costó su pase. Al joven Martínez Quarta le cuesta volver, y al dúo Maidana-Pinola, seguir viviendo de rentas. Los laterales son un sueño imposible, Ponzio es todo corazón y los demás acompañan, con suerte diversa. Scocco y Pity parpadean, Mora conmueve, Armani dignifica. No es como para gastar demasiado a cuenta, pese a la borrachera del triunfo.

Gallardo gana por bueno y por audaz, más allá de sus errores, que son más de los que admiten quienes lo llaman Napoleón, y menos de los que le señalan los que lo daban por muerto. Dolido, debe haber ensayado más que Neil Armstrong su frase célebre: “Jugar mal durante estos dos meses fue una estrategia para engañar a Boca y ganarle”. Lo dijo serio, y más de una vez. Más ridícula aún fue la falta de reacción de los periodistas, temerosos de no entender, como si hablaran con Lacan.   

River levantó una copa que bien pudo ser de Boca. El tono fue tan opaco que no hubo polémicas, ni furia, salvo los obvios gags de los barrabravas con micrófono. Las dos mitades que el fútbol nativo coronó como su totalidad hicieron su show.

Binaria, maniquea, cegada por estar muy lejos o demasiado cerca, la Argentina funciona con mitades y grietas. Como el vizconde Medardo de Terralba, el personaje de Italo Calvino, a quien un cañonazo turco partió en dos en Bohemia, en plena batalla. Dos mitades exactas, simétricas. Una buena y la otra mala.

  Frente al espejo, cada mitad se reconoce como la mejor, con el derecho a decidir el destino del resto. Pero nada es para siempre.

Esta novela de enredos tendrá su saga, porque así funcionan las cosas.

Y habrá sorpresas, cuando las noticias del día pasen por el implacable filtro de la historia, la refutadora de posverdades.

 Y al ver, veremos, compatriotas. Algo, o mucho, de lo que se esconde debajo de las alfombras; sarasa, negación, bla, bla, que somos esto, o somos aquello.



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