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Peronismo en riesgo

Las imágenes que ofrece el justicialismo no van en sintonía con los días actuales. 1|04|18

Durante toda su trayectoria el peronismo ha sido una enorme experiencia adaptativa. Se adaptó al poder creando su partido y quebrando alianzas, se conoció en nuevo formato fuera del poder “resistiendo”, expandió su estilo sindical con Onganía, paseó por la Revolución, sufrió la persecución y desaparición de militantes, instauró el neoliberalismo en los 90, jugó al regreso a las bases con el kirchnerismo y otro poco a la militancia revolucionaria, y con su propia autodestrucción generó las condiciones de una experiencia nueva de centroderecha. Nada es solo una cosa, pero es probable que para el peronismo, bastante más que otros partidos, la rotación haya estado en su genética. Sin embargo, al tiempo actual de una necesidad renovada de cambio, parece no entender las condiciones sobre las cuales convertirse nuevamente en una alternativa aceptable para la ciudadanía. Nunca el peronismo estuvo en tanto riesgo de extinción.

Las imágenes que ofrece el justicialismo no van en sintonía con los días actuales. La experiencia Cambiemos crece sobre el uso de nuevas tradiciones, es decir sobre prácticas propias que van nutriendo de un perfil de partido cuya repetición sistemática y ordenada logra establecer una forma propia del hacer política y con la cual el peronismo no rivaliza, solo las denuncia. Pocos actos, pocos cantos y cortos del “Sí, se puede”, timbreos con rostros cálidos, redes sociales dirigidas, creatividad publicitaria innovadora, capacidad de corrección táctica y una determinación estratégica casi inmóvil. El peronismo contraataca con actos de unidad con olor a viejo. Actos grandes, discursos largos, Marcha Peronista y dedos en “V”. En tiempos en que debería exponerse a otra innovación y cambio, parece aferrado a lo que cree conocer.

La hiperexposición de asesores como estrellas mediáticas y con declaraciones explosivas, que por cierto son un formato probado de éxito para trascender en la industria editorial, generan la lectura de que se trataría de una modalidad basada en el engaño y sin contenido, de modo que solo la realidad económica haría su propio proceso de ordenamiento iluminador, dejando sin disfraz a esta banalidad política. El peronismo tiene hoy algo de marxismo básico, en cuanto se ilusiona con la propia destrucción que las contradicciones del modelo económico irían a generar. En esa suerte de expectativa por arribar, y basado en la todavía desconsideración de la experiencia hoy ya gobernante, el justicialismo no se permite describir seriamente a Cambiemos. Serían buenos para el engaño, técnicamente buenos, pero sin sustancia. Todo funcionaría hasta que la inflación los destrozara. Sin embargo, pasa el tiempo y en su fluir Cambiemos crece.

Las estrategias electorales opositoras de 2017 depositaron sus mensajes de campaña en la economía. Los líderes opositores se dedicaron cada uno a sí mismos, a sus figuras personales para que hablen de esa economía en mal estado y con una inflación insistente. El resultado fue para ellos pésimo y el emblema de su error conceptual fue la provincia de Buenos Aires. Cambiemos sacó en las PASO en la tercera sección en provincia de Buenos Aires casi 29%; a los poco más dos meses en la elección general sacó en la tercera sección casi 35% con un candidato que no habló. En el hogar del peronismo más acérrimo, Cambiemos subió seis puntos y el peronismo sigue sin rea-ccionar.

En el mutismo exitoso de Bullrich está la pista. Cambiemos logra ofrecer un producto general basado en una estrategia conceptual sin rival. Dentro de ella entra un candidato sin voz y una gobernadora fuerte que se enfrenta con voz propia a las mafias. Ambos estilos, entre otros como el de Larreta, pueden ser incorporados bajo el cobertor del nuevo partido. El peronismo discute si es Urtubey o Rossi, pero no discute estrategia; el peronismo imagina tácticas que solo ellos se creen y que dependen de que la economía estalle.

El peronismo también extraña a su histórico rival, oculto en los pasillos imaginarios del PRO. No encuentra a los radicales, casi no los ve por ningún lado y sin ellos no encuentra identidad, no es nadie. Siempre los tuvo por ahí para pelearse y hoy los añora. Esta centroderecha invita a la sociedad argentina a la creación a largo plazo de una centroizquierda, no de un peronismo renovado. Cambiemos succionó primero al radicalismo y ahora a los cantantes de la Marcha, y nadie se está dando cuenta.

*Sociólogo. Director de Quiddity.



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