PODER MACRISTA

Mutatis mutandis

Acorde a cómo presentó el resultado de las PASO, el Gobierno se construye con reformas. 26|08|17
En estos días los análisis políticos se organizan en dos ejes, uno de carácter urgente operativo-político y otro de evaluación reflexiva. El primero se centra en las consecuencias de los resultados electorales en el desarrollo del programa de gobierno, toda vez que los funcionarios habían supeditado las “reformas estructurales” a los resultados de los comicios. El segundo eje es un work in progress que busca la identificación política de Cambiemos, bajo la constatación de que no es una anomalía fruto de las disputas en el peronismo sino que es una fuerza política competente para ganar elecciones en las zonas más desarrolladas del país, pero también con capacidades de disputar el territorio en bastiones irredentos del peronismo.

Reality. Los festejos posteriores al domingo 13 de agosto a la noche en el búnker de Cambiemos mostraron un eficiente guión sobre cómo instalar la idea de un triunfo arrollador. El control del flujo informativo sobre el conteo de votos congeló la foto en el “triunfo” de Esteban Bullrich sobre la rival más encarnizada del Gobierno. Ese relato, aunque hoy desmentido por la realidad, contribuyó a la verosimilitud de la fake news, como ahora se denomina a ese tipo de construcción informativa deliberada. La discusión racional intenta descifrar qué significa el 35,9% que sacó Cambiemos a nivel nacional para diputados. La comparativa histórica muestra dos etapas: desde 1985 hasta 1997 y a partir de 2001. En el primer período los triunfos electorales en elecciones parlamentarias siempre superaron el 40%. En cambio, a partir de 2001 la dispersión del sistema político muestra un descenso significativo en los porcentuales del ganador. En este sentido, los guarismos obtenidos en las PASO por el oficialismo superan los triunfos K de 2009 (30,3%) y 2013 (33,6). Sin embargo, en aquellas ocasiones las portadas de los diarios indicaban la derrota del kirchnerismo por haber perdido en la provincia de Buenos Aires a manos de Francisco de Narváez y Sergio Massa respectivamente, efecto neutralizado en esta oportunidad por el control del flujo informativo señalado.  

Cuatro reformas. El “triunfazo” decretado por el oficialismo ahora lo obliga a mover en ese póker de reformas sugeridas a lo largo del año: la tributaria, la previsional, la de la estructura estatal y la madre de todas las demás: la reforma laboral. El sistema impositivo argentino es el resultante de una serie de parches superpuestos, con la finalidad de enganchar por algún lado a los contribuyentes, y se debe un ordenamiento. Aunque esta reforma tendrá consecuencias trascendentes en la distribución del ingreso y será objeto de múltiples lobbies.
 Por su parte, la reforma previsional es una incógnita; se da casi por hecho la ampliación de la edad jubilatoria bajo el argumento de la extensión de la esperanza de vida. ¿Habrá espacio para reincorporar al sistema aportes privados, como desearían algunos funcionarios con trayectorias en bancos y AFJP?  
Algo parecido pasa con los cambios de las estructuras estatales que tendrían por objeto simplificar la propia grilla ministerial ampliada por el Presidente a horas de asumir.  Es claro que existen también aquí misiones y funciones duplicadas, pero la pregunta es si habrá jubilaciones anticipadas y retiros voluntarios como sucedió en la década de los 90.
 
Finalmente aparece en el horizonte la reforma laboral. Lejos de negarla, el ministro Triaca comentó que no sería a la brasileña. En el vecino país, la ley habilitó la negociación entre los trabajadores y la empresa sin intervención gremial, condenando a las estructuras sindicales a la extinción.

Bajar el costo laboral es una obsesión para el presidente argentino, pero también para todas las cúpulas de las centrales empresariales, Allí surge la duda de cómo triunfar donde fracasaron Alfonsín, Menem y De la Rúa. De la reforma en sí se sabe poco y nada, pero aspira a reemplazar las indemnizaciones (y los juicios vinculados) por una suerte de seguro, también buscará reducir (o eliminar) los aportes patronales y permitir modalidades de contratación vedados al día de la fecha. La sola mención de la reforma llevó a la CGT al acto del martes 22 de agosto, actividad inusual que denotaba las múltiples posturas que existen dentro de la central obrera sobre cómo tratar con el Gobierno, posturas que van desde la cooperación plena hasta el enfrentamiento total, exteriorizando la fragilidad del triunvirato en el lugar que supo ocupar José Ignacio Rucci. Sin embargo, el evento certificó una vez más la capacidad de convocatoria de los camioneros dirigidos por Pablo Moyano, y pone sobre la mesa el interrogante sobre si aspira a convertirse en el nuevo Saúl Ubaldini.

La reacción del Gobierno de expulsar a dos funcionarios de primera línea muestra que vela las armas para una batalla de proporciones.
 
Espacio en construcción. La caracterización “académica” del gobierno de Cambiemos es una tarea en construcción porque va mutando con el transcurso de los acontecimientos. Aunque ya se lo puede ubicar en la centroderecha del espacio político, pero con la salvedad de que se trata de una centroderecha pragmática y tecnocrática. Por el otro lado, pero en forma articulada, se trata de una formidable máquina electoral de microtargeting, bajo la consigna de “todo el tiempo en campaña” planteada por los gurúes de la comunicación política.

La caracterización de centroderecha se basa en que sus valores y brújulas éticas son las del mercado, centrado en la meritocracia de perfil elitista, y en la ejecución a rajatabla de un programa monetarista ortodoxo ejecutado desde el Banco Central. La definición de tecnocrático, lejos de ser peyorativa, marca un estilo de gestión, focalizado en el “hacer lo que se debe hacer”, es decir llevando adelante un mandato generado en otro ámbito (el mercado, los focus groups, las encuestas, el Excel de Juan José Aranguren, etc.).

El pragmatismo lo aleja de otras experiencias de la derecha en Argentina así como de los deseos de los propios funcionarios. Se ha aprendido que para sostener la paz social se debe negociar, y también ceder.
El ensayo-error de esta primera etapa de gobierno implicó una lectura de las correlaciones de fuerza existentes en este período. Pero, si tal como parece, esas correlaciones de fuerza están mutando sin dudas, el Gobierno entrará en otra fase, lo que obligará a ajustar la caracterización.

*Sociólogo (@cfdeangelis).  

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