caso marielle franco

Muerte desde el poder

. 17|03|18

Marielle Franco fue asesinada en Brasil por su defensa de los más vulnerados en una sociedad militarizada y represiva que apuesta a la intervención militar en lugar de atacar de raíz los flagelos del hambre, la exclusión y la desigualdad, que Franco combatía. Franco era una mujer de izquierda, feminista, socióloga, negra y lesbiana. Berta Isabel Cáceres fue asesinada en Honduras por la misma razón: por su defensa de los más vulnerados, por su estricta y firme defensa del medio ambiente avasallados por intereses industriales, económicos, que no vacilan en matar activistas.


Están creciendo en América Latina los asesinatos de activistas en derechos humanos. Esto no es un accidente y se cruza muchas veces con otro fenómeno: el asesinato de periodistas que se atreven a decir lo que otros prefieren callar. Es parte de una política de Estado que apuesta a la criminalización y la exclusión, que mata a diario a los “delincuentes” y ahora también a quienes alzan la voz en su nombre: sus defensores. Los “defensores” de los “delincuentes” también son “peligrosos”, porque hablan. Apuntan. Muestran. Dicen lo que el poder de turno no quiere que se diga. Lo que el poder de turno no quiere que se sepa. Eso es lo que dicen Berta Cáceres, líder indígena lenca en Honduras, o Marielle Franco en Brasil. Le apuntan al poder. Y el poder les apunta a ellas. Ambas eran feministas y negras.


Milagro Sala está presa arbitrariamente en Jujuy. Fue encarcelada sin condena, antes de todo juicio, por representar un supuesto “peligro” para la sociedad, motivación que es inconstitucional para el Derecho argentino. Sala también es una mujer pobre, negra, colla, activista. Esa es la razón real por la que está presa. Por ser una mujer pobre, negra, indígena, activista, del Norte, una mujer (peronista, donde peronismo –ser peronista– es sinónimo de ser “negro”, de aluvión zoológico, de ir a una marcha por “el pancho y la Coca”, ya que la “cultura” argentina es patrimonio de los “blancos” y no de los “negros”, etc.) que enfrenta e incomoda a los poderosos en soledad.
Salas, Franco o Cáceres son mujeres que incomodan a los poderes de turno, poderes paramilitares que buscan hacerlas desaparecer de la vida política, con su muerte a balazos o con su encarcelamiento represivo y arbitrario. Son dos caras de una misma moneda. Los negros y pobres, como Franco, como Sala, como Cáceres, pero también como Nahuel o Facundo Burgos en Tucumán, en cuyo nombre trabajan las primeras, deben estar presos o muertos. Ese es su “destino”, ése es su “lugar” natural en una sociedad de “blancos” (Temer en Brasil, Macri en Argentina, representan y quieren construir una cultura que se pretende “blanca”, no “negra”, como escribió Fanon, es la sociedad que escribió “Viva el cáncer”, cuando Evita, otra mujer incómoda para el poder hegemónico, agonizaba).


Los asesinatos a balazos de Rafael Nahuel en el Sur o de Facundo Burgos en Tucumán son apenas dos ejemplos de esta tendencia (muy fuerte en Centroamérica, que poco a poco se expande a otros países de la región) de matar activistas, de lo que sucede con la “negrada” estigmatizada como criminal y “peligrosa” y también con sus defensores sociales y políticos. De lo que sucede con los “delincuentes” y con quienes, como Cáceres o Franco, defienden sus derechos y hablan en su nombre.
El poder en las sombras ha decidido no vacilar más, no solo matar a los delincuentes antes de todo proceso, juicio o condena, (la Justicia es demasiado “lenta”, se dice, sus garantías se presentan como un “obstáculo”, entonces se pasa a la intervención militar directa en Brasil o a la doctrina Chocobar en Argentina, a la acción inmediata, a la Justicia inmanente, in situ, sin pérdidas de tiempo...) incluso antes de ser detenidos e identificados sino también a quienes hablan en su nombre, como Berta Cáceres o Franco.
El poder ha decidido matar a los defensores de los derechos humanos de los “delincuentes”. A los que les dan lo que el poder les niega: una voz. Las muertes de Cáceres o Franco no son accidentales. Son un hecho, también un símbolo.

*UBA-Conicet. Becario de la OEA. Profesor.



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