Defensor de los Lectores

Mentira es mentira, engaño es engaño

. 7|01|18
“Noticias falsas son falsos brillantes: engañan a aquellos que no consiguen detectar una joya falsa, pero se deshacen como grafito cuando están expuestos a la luz”.

Esta cita corresponde a un artículo reciente publicado en el diario Folha de São Paulo por Paula Cesarino Costa, defensora de los lectores de ese medio brasileño. En verdad, vale la metáfora para acercarse a una problemática que inquieta a los periodistas de todo el mundo: cuánto afecta a la credibilidad el desprecio por la defensa de la verdad, en particular a partir del consumo creciente de noticias por vía de las redes sociales, en las que no hay frenos a las fake news (noticias falsas) y menos aún a los comentarios arrojados al voleo sobre cuestiones generalmente serias.

Tanta es la preocupación por estas prácticas (a las que suelen plegarse, sin mucho análisis y menos aún investigación, medios de comunicación capturados por la voracidad de las redes) que fue tema central de análisis en la reciente reunión de la organización de los ombudsman de noticias (ONO), realizada en Chennai, India. Actuando como anfitrión de ese encuentro, en el que tomaron parte especialistas de quince países, el periodista A.S. Panneerselvan relató lo sucedido cuando un periodista del diario The Hindu recibió un video de diez segundos en el que una mujer moribunda está siendo, aparentemente, abusada. El periódico, urgido por la difusión viral que el video tuvo en Facebook, publicó un artículo expresando su indignación. Sin embargo, debió retractarse en la siguiente edición: en realidad, el video original, de mayor extensión, dejaba en claro que el acusado de abusador sólo estaba atendiendo a la mujer herida.

Esto que sucedió en la India no es diferente de otros hechos difundidos por medios argentinos. En verdad, el fenómeno –que este ombudsman propone a los colegas erradicar de las prácticas cotidianas– es ya universal. En su artículo, la periodista brasileña señalaba: “En el encuentro se divulgó una investigación riquísima sobre el consumo de noticias en medios digitales en 36 países, producida por el Instituto Reuters/Universidad de Oxford. Uno de los datos más preocupantes indica que solo el 40% de los lectores considera que los medios tradicionales pueden disociar el hecho de rumores. El coordinador de la investigación, Rasmus Kleis Nielsen, afirmó que en sociedades polarizadas aumenta el grado de desconfianza sobre las organizaciones de noticias y sobre las noticias en sí. ‘Muchos de los grupos oídos demostraron conciencia de que gran parte de las fake news tiene su origen en intereses políticos’”.

El informe de Paula Costa cita también lo expresado por Ignaz Staub, mediador del grupo suizo Tamedia, quien puso un poco de humor al rememorar noticias falsas que circularon siglos atrás, como la del faraón egipcio Ramsés II, que mandó grabar en las paredes de un templo una victoria guerrera que no existió. “Staub apuntó que la definición actual de noticia falsa es cada vez más fluida, mezclando mala fe, errores y oportunismo político y económico en el mismo paquete”, señaló Costa, quien consignó también que el suizo trajo a la actualidad una definición de Margaret Sullivan, ex ombudswoman de The New York Times, para quien la expresión fake news perdió sentido por falta de precisión: “Tenemos que llamar mentira a una mentira, llamar engaño a un engaño, definir una conspiración como tal, si existió. Designar todo esto como noticia falsa es demasiado impreciso”.

La defensora del lector del diario El País de Madrid también hizo referencia a la reunión anual de la ONO. En su columna publicada hace poco menos de un mes, Lola Galán enfatizaba: “La prensa –y el periodismo– ha sufrido una transformación tan colosal en la última década, que hasta la relación de confianza con los lectores se resiente. Sobre todo porque han cambiado los soportes donde se escribe y  la distribución de las noticias. El gran kiosco de prensa es hoy Facebook y otras redes sociales”. La ombudswoman del periódico madrileño hizo referencia al sondeo de Reuters (que involucró a 70 mil personas), del cual se desprende que más de la mitad del universo explorado lee noticias en las redes sociales y tiende a no recordar la fuente de procedencia. “El desorden digital –concluyó Galán– se impone sobre el tradicional orden de las ediciones impresas. Máxime cuando las noticias se leen cada vez más desde el teléfono móvil en ratos más o menos perdidos (en la cama, en los transportes públicos y en el baño)”.

Las redes sociales han llegado para quedarse y seguirán creciendo. Tanto, como la imposibilidad de controlar la veracidad de sus contenidos. Para los lectores de PERFIL, una recomendación: no crean todo lo que allí se dice, duden siempre, busquen medios de confirmación, cuestionen la imprecisión, la incongruencia, la manipulación directa o solapada. Para los colegas, la neurona atenta, como pedía Tato Bores.

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