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Mentir, mentirse

Mucho se ha escrito sobre que la política sin mentira no es posible. Tanto la mentira propia como convertir en mentira lo que sostienen los opositores. Y probablemente Macri no sea aún consciente de que ya se ha convertido en un político. Miente. 24|12|17

“Nadie ha dudado jamás con respecto al hecho de que la verdad y la política no se llevan demasiado bien, y nadie, que yo sepa, ha colocado la veracidad entre las virtudes políticas. La mentira siempre ha sido vista como una herramienta necesaria y justificable para la actividad no solo de los políticos y los demagogos sino también del hombre de Estado.”
(Hannah Arendt,Verdad y política)
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Todo el tiempo, Macri se refiere a la mentira como aquello en lo que nunca caerá. “No vine aquí a mentirles”, repite en cada discurso marcando tácitamente que eso es lo habitual de los políticos (él viene de otro lado), y muy especialmente de sus predecesores kirchneristas. Mucho se ha escrito sobre que la política sin mentira no es posible. Tanto la mentira propia como convertir en mentira lo que sostienen los opositores. Y probablemente Macri no sea aún consciente de que ya se ha convertido en un político. Miente.
Dos ejemplos de la última semana sobre la mentira propia y la conversión en mentira de lo que sostienen los opositores: el Gobierno insiste en que cuando pase el tiempo los jubilados comprobarán que sus ingresos mejorarán con el nuevo sistema de actualización y que la oposición mintió. Esto, al mismo tiempo que justifica la ley porque el actual sistema de actualización de las jubilaciones no es sustentable y se precisa cambiar para producir un ahorro de 100 mil millones de pesos anuales en las jubilaciones. Una contradicción que no resiste análisis lógico. ¿Un discurso para la tribuna y otro para el círculo rojo porque los ciudadanos pueden ser confundidos –en la era de la posverdad como también en el siglo XX– repitiendo una mentira la suficiente cantidad de veces hasta hacerla verosímil si se cuenta con la benevolencia de la mayoría de los medios de comunicación haciéndose los sordos?
El otro ejemplo fue el operativo de seguridad del lunes conducido por Rodríguez Larreta, donde la Policía soportó una lluvia de piedras durante horas solo con sus escudos y recién pasó a utilizar balas de goma y gases lacrimógenos al final porque antes los violentos estaban mezclados con los manifestantes pacíficos y –según se explicó– esperaron que estos últimos se desconcentraran. En la represión del jueves anterior, conducida por Patricia Bullrich, la Gendarmería disparó balas de goma desde el inicio, cuando los violentos estaban mezclados con los no violentos. Otra mentira fue quejarse públicamente porque la jueza Patricia López Vergara impidió que se usara armamento letal cuando ese es el protocolo de la Policía de la Ciudad frente a todas las manifestaciones. Mentiras hechas para no reconocer públicamente que el operativo del jueves conducido por Bullrich había sido excesivo y un error político.

La técnica retórica continuó en el reportaje que Macri le concedió a América TV el jueves, donde le dijo a Fantino: “El año que viene van a cobrar más. Las jubilaciones van a crecer entre 4 y 6 por ciento más que la inflación. Y el otro año, de vuelta. Y el otro año, de vuelta” sin aclarar que ese “más” va a ser menos que lo que cobrarían sin la reforma previsional porque de lo contrario no habría ahorro fiscal.
Fantasías saludables. Probablemente a quienes Macri califica como mentirosos, categoría de la que él se siente claramente excluido, sean los poetas a quienes Platón expulsó de la república porque estos “narradores profesionales o mitólogos ambulantes fabrican fábulas nefastas que, con nombres estremecedores e historias inquietantes y ambiguas (¿los kirchneristas?), despiertan fascinación en una población inexperta en asuntos políticos”. Y para “evitar la fuerza disruptora del horror y del pánico sobre el frágil patriotismo de la población”, había que sustituirlos por la mentira útil o pharmakon khrésimon, medicina o veneno útil y mentira bella “puesto que solo la más amable de las ideas, la belleza, tiene garantizado un acceso inmediato al ánimo de los hombres”. Esta otra forma de persuasión era una herramienta fundamental para la administración del gobierno que imaginaba Platón.
Sobre la mentira en política, Jacques Derrida dijo: “Se pensó durante mucho tiempo que la mentira era un privilegio natural de la derecha. Pero, más allá de sus loables esfuerzos, no supo conservar esa exclusividad. La derecha perdió su monopolio de la mentira al igual que la izquierda perdió el suyo de la compasión y la virtud. Como dijera con acierto Tocqueville, la democracia acaba siempre igualando las condiciones. Abolidos todos los privilegios, la mentira se ha democratizado. Humilde, ya no aspira a perpetuarse en la historia.

Ha tenido que aprender a coexistir. La mentira democrática es efímera, ecléctica, posmoderna”.
Claro que hay una diferencia entre ocultar la verdad al pueblo en determinadas circunstancias (por ejemplo, diría Macri, la gravedad de la recesión al comienzo de su gobierno agregando ánimo al decir que “lloverán inversiones” en el “segundo semestre”) y crear un Ministerio de la Verdad enteramente dedicado a fabricar mentiras, como imaginó George Orwell (el Indec kirchnerista). Pero aun en la construcción de fantasías saludables, a la que la economía es tan afecta, el Gobierno subestima a la audiencia cuando su ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en el Congreso, ante la pregunta de la diputada Victoria Donda sobre cuánto tendría que cobrar un jubilado en marzo si se aplicara la nueva fórmula de actualización y cuánto si no se modificara la ley, respondió: “No hicimos esa cuenta”.

El libro de ciencia ficción Ciudad de verdad, de James Morrow, construye una sociedad donde todos sus habitantes dicen siempre la verdad. En ella los políticos reconocen haber recibido sobornos, la publicidad anuncia los defectos de los productos y cada uno, sus vicios y errores, hasta demostrar que una sociedad donde exista la incapacidad de mentir se hace inviable. Pero igualmente a Macri le convendría, como con el endeudamiento, no abusar y recordar siempre la frase de Lincoln: “Es posible engañar a unos pocos todo el tiempo. Es posible engañar a todos un tiempo. Pero no es posible engañar a todos todo el tiempo”. O sea, en su caso, no mentirse.



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