CHIQUI, TEVEZ

Mamarrachito mío

Hace unos cuantos años, un coiffeur top, enemigo declarado de Roberto Giordano, contó su versión sobre su famosa foto con Grace Kelly. 11|02|18

“Unos aman muy poco, otros demasiado, algunos venden y otros compran, unos dan muerte con muchas lágrimas, y otros sin un suspiro”

Oscar Wilde (1854-1900); de “Balada de la cárcel de Reading”, II, (1897).


Hace unos cuantos años, un coiffeur top, enemigo declarado de Roberto Giordano, contó su versión sobre su famosa foto con Grace Kelly. “El muy chanta consiguió un buen lugar en el sendero que la seguridad dejaba para que la gente pueda verla; él tenía un ramo de rosas y, cuando la tuvo al lado, saltó y se lo dio. Ella, sorprendida, lo recibió y ¡click!, su fotógrafo lo tomó a tiempo. Se lo llevaron de las pestañas y el ramo terminó en un tacho de basura, pero él logró lo que quería”.

Verdad, media verdad o fantasía, la anécdota refleja la importancia de una foto, aun en tiempos sin web. La poderosa imagen de Perón y Balbín juntos en la puerta de la casa de Gaspar Campos, por ejemplo. Un hecho histórico que, por desgracia, no tuvo final feliz.

Para posar con un papa Francisco algo sonriente, el presidente Macri invirtió dos viajes a Roma. Su foto junto a la doctora Carrió, con fondo de bosque mágico, no necesitó tantas horas de vuelo, pero hizo transpirar a varios. Todavía lo hace.

Chiqui Wall de Moyano debería conocer, al menos por su cercanía con el poder sindical, el valor simbólico de una foto. Pero allí estaba él, sonrisa mansa, posando con Carlos Tevez en su cumpleaños, mientras en los medios ardía una discusión banal sobre la desconfianza de River ante una conducción de AFA por completo de Boca. Pese a que Angel Easy, líder de Defensores de Macri, y Chiqui, soldado de “Te tiro el camión encima F.C.”, entidad moyanista que circula mano y contramano por las rutas de la patria, representen hoy a fuerzas políticas antagónicas, en guerra total y a cara de perro.

Dicen, hasta el cansancio: “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo”, lo que resulta muy gracioso en estos tiempos de posverdad, donde el pudor ha sido aniquilado. Solo hace falta leer un diario, y luego abrir otro, para conocer el lado oscuro de la luna sin necesidad de recurrir a Pink Floyd.

¿Qué quiere decir la foto del Chiqui con Tevez? Nada. O algo: que el presidente de la AFA no se destaca por su astucia política, más allá o más acá de su sillón, ese milagro.

Mientras la economía liberal nativa insiste con medidas que avergonzarían a Tocqueville o a Adam Smith, el fútbol sí se libera y se hace open mind, a lo bestia. Solo hay que mirar la apasionante telenovela de amor gay en el club Rubio Ñu de Luque, Paraguay, algo inédito en el prejuicioso y muy machista ambiente futbolero. Allí hubo mucha pasión y la sigue habiendo. Demasiada.

“El hombre es mil veces más celoso que la mujer”, advirtió Antonio González, mandamás del club de la ciudad natal de José Luis Chilavert, que no se privó de dejar su opinión bilingüe en las redes sociales, prudente, conservador, aunque un pelín homofóbico: “Heta oí la hevi remoiva ha hevi hasyva: sepan ver con quienes trabajan sus hijos en todos los deportes, ¡No los dejen solos!”, remata, a lo Neustadt.

Todos vieron la célebre foto. El presidente en su lecho, abrazado por el lateral izquierdo de su equipo, Bernardo Gabriel Caballero. González es un hombre maduro, de contextura robusta, cara redonda, cachetes, mentón con pocito a lo Kirk Douglas, mirada desafiante y boca pequeñita pero sensual. Caballero, el oscuro objeto de deseo de Buñuel, tiene 25 años, cuerpo de atleta, pelo corto, arito, boca generosa, lengua asomando entre los labios, un brazo por detrás de la nuca y el otro que mima a don Antonio. Ambos miran a la cámara, desafiantes, plenos.

En ese momento estaban juntos y felices. O eso parecía. Con estilo algo barroco, así lo explicó don Antonio: “Vamos a ser sinceros, él es una persona que hace años estaba conmigo, era especial y uno se encariña. Entre paréntesis y en síntesis, era mi pareja personal”. Pero un día, algo se rompió.

Bernardo Gabriel buscó refugio en Valentín Ozuna, su representante de toda la vida, pidió el pase libre y estallaron los celos. González, enardecido, llamó a Ozuna: “Sinvergüenzo, brujo malo, viejo trabuco, puerco, cara de culo, tragasable, Valentina la nena del nene, putazo, puto de mierda”. No se privó.

Mientras el sainete crecía, el Rubio Ñu del barrio Santísima Trinidad de Asunción, más conocido internacionalmente que el de Luque, se despegó del triángulo non sancto con un comunicado oficial.

Hace dos años, el Rubio Ñu de Luque le pagó a Juventud de Bellavista 7 millones de guaraníes, unos 1.260 dólares, por el traspaso de Caballero, aunque el pase está registrado en Atlético Marta, club que gerencia el multifacético don Antonio. Lo que pide por dejarlo ir no es desmesurado: 2 millones de guaraníes, unos 350 dólares. Puede parecer poco, sí, pero no todo es dinero en la vida, señores. El amor pesa.

El presidente está herido. Se le nota cuando, frente a la cámara, comienza su relato tranquilo, y al rato estalla: “¡Y olvidate de jugar al fútbol, vos campestre traidor, y decile a tu chongo o chonga, vos puto uha, metete tu plata en tu culo, mongólico!”. Hasta ahora nadie confirmó ninguna relación entre Ozuna y la República de Mongolia, aunque en este caso todo es posible.

Más sereno que su rival, Valentín dijo que González “está despechado. Pero lo que tenía con Bernardo Gabriel no era una relación, más bien lo obligaba a estar con él”. El propio latin lover guaraní lo confirmó: “Sí, he sido coaccionado por él, pero eso era normal: ya lo había hecho antes con otros jugadores”. Upa.

Bizarro o no, el folletín se complica, porque una fiscal paraguaya abrió una investigación por supuesta “trata de personas con fines de explotación laboral, más abuso sexual reiterado”, delitos que tienen una pena que rondan los veinte años de cárcel.

Mundo cruel este, compatriotas, que no deja espacios ni tiempo para que el amor triunfe.



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