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Lo incorregible

En los últimos años de su vida, un escritor que nació en Nueva York en 1843 y murió en Londres en 1916, y que escribió una obra tan vasta como la del mismo Balzac, decidió ordenar y reunir todos sus libros en una sola edición compuesta de muchos tomos. 22|12|17

En los últimos años de su vida, un escritor que nació en Nueva York en 1843 y murió en Londres en 1916, y que escribió una obra tan vasta como la del mismo Balzac, decidió ordenar y reunir todos sus libros en una sola edición compuesta de muchos tomos. En general, esto ocurre cuando la obra de un escritor se considera digna de ser preservada (un tirito más a favor de la fugaz inmortalidad) y cuando él mismo y su editor la consideran concluida). Lo curioso del escritor de este relato es que él continuaba escribiendo nuevos libros, por lo que esa edición definitiva debía considerarse incompleta hasta que se diera por concluida la obra el día mismo de su muerte. Además, y entretanto avanzaba en su literatura a futuro, había decidido corregir y mejorar todos y cada uno de los textos ya publicados, en la esperanza de que su sabiduría del presente corrigiera las inmadureces y torpezas presuntas del pasado. Nuestro autor había comenzado su carrera literaria escribiendo a mano, luego pasó a tipear en una máquina de escribir, y cuando se hizo grandecito y famoso optó por la comodidad del dictado, y como la prosa es un arte muy ligado a las condiciones materiales de producción, cada uno de esos cambios modificó el ritmo y la extensión de su escritura, lo que a la larga determinó que cada nueva novela fueran más extensa, farragosa y alambicada que la anterior. En resumen, según dicen, la “versión definitiva” es intolerable y está empastada, uniformada, por las debilidades y torpezas de su último estilo tardío (por algo las viejas sabias dicen  que en la variedad está el gusto). Se cuenta que, con el paso de los años, los editores van optando por dejar a un lado ese último esfuerzo del autor célebre y solo publican  las primeras versiones. No hay monumento concluido, sobre todo el que un individuo construye para ofrecer la mejor versión de sí mismo. Nunca hay que contar con la extrema fidelidad ni con la devoción ajena.



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