politicas y banderas

La hora de tragar

. 1|04|18

“No me queda otra, tengo que tragarla”. Así de crudo, directo –y tal vez con un tono que no es muy para la mesa de Mirtha Legrand– fue un ex miembro del gobierno de Cristina Kirchner cuando se conoció la baja de pobreza a 25,7% de la población en el final del año pasado. “¿Qué? ¿Vamos a salir a cuestionar la medición? Si no la medís en tu gestión, después te la ponen”, abundó en la verba genital y económica.
En el fondo, este kirchnerista buena leche, como tantos otros que hay sin dudas, resumía en parte el lavarropas mental que está produciendo en algunos sectores de la oposición tanto la situación económica como la estrategia política que lleva adelante Cambiemos, a medida que dejan de lado el derrape inicial de que “esto explota y ahí volvemos”. Hay riesgo con este ritmo de la deuda, ni hablar. “Pero hay que dejar de pensar que van a salir volando, mientras tengan dólares la van a ir llevando”, completa, ya sin metáforas de la pelvis.
Es que la Casa Rosada, por un lado, ahora tiene datos positivos de la actividad económica para disputarle agenda y clima a los aumentos de tarifas que pegan en el bolsillo de las clases medias y calientan la inflación. Para los que no creen en la reducción de la pobreza, sirve mirar las ventas de motos, que crecen al 17% interanual en promedio, pero se disparan un 62% en el caso de los scooters, que compran lo sectores de menores ingresos, en un 70% de los casos con financiación. No hay encuesta de la Di Tella que le empate a esa expectativa. Se trata de gente que espera al menos poder pagar una cuota mensual durante el año siguiente. La construcción lleva un año clavado creciendo en dos dígitos y en picos de empleo. Lo peor que podés hacer ante esto es inventarte un mundo que no existe, un eslógan que también vale para los cambiemistas que están tan cebados que en cualquier momento salen a pronosticar pobreza negativa para 2019. El flamante secretario de Industria, Fernando Grasso, acaba de admitir que parte de los empleos que elimina la industria los absorben servicios tercerizados. Y ahí el ingreso es menor, lo que abre un interrogante sobre cómo se puede perforar el piso de un cuarto de gente en la pobreza desde hace treinta años.
Y por otro lado, el Ejecutivo incita a debates que no son típicamente “de derecha”, como el aborto o el crédito para la vivienda para inquilinos, mientras avanza con el paso de un modelo productivo de matriz subsidiada a uno competitivo, con claramente una nueva redistribución de sus ganadores y perdedores. Qué otra cosa es si no, estimular más la inversión que el consumo a fuerza de asegurar precio para empresas de energía y petróleo, o abrir importaciones para abaratar la tecnología aún a costa de perder empleos domésticos.

A lo Néstor. Hay un punto donde Cambiemos aprendió la lección del kirchnerismo. En la Argentina en la que todavía “todos somos peronistas” y en la que en los fogones se termina cantando “tu entrañable transparencia, de tu querida presencia”, cualquier cosa que quieras hacer tiene que tener banderas del progresismo o de intervención del Estado. Néstor y Cristina Kirchner lo entendieron de una y lejos de cualquier convicción primaria se lanzaron a armar un proyecto familiar de poder enarbolando derechos humanos, inversión social, estatización de YPF o matrimonio igualitario. Hubo miles que creyeron y se sumaron al proyecto de la mano de estas proclamas y políticas concretas, pero en el fondo el proyecto original  fue siempre ser felices los cuatro. Si no, pregúntenle a los que intentaron proponerles una interna en algún momento.
Macri repite el modus operandi con fin distinto. Para avanzar hacia una economía con reglas de mercado, también hasta se ha vuelto progre en alguna medida; para bajar el gasto en remedios amenaza empresarios; empaqueta la reforma previsional en un paquete impositivo que incluye gravar la renta financiera; para avanzar con cambios laborales levanta las reivindicaciones del feminismo con iniciativas de paridad de género y hasta habilita en ese contexto debatir la legalización del aborto; y para defender el aumento del endeudamiento lo vincula a un shock de obra pública. “Necesitamos que cada vez más gente apoye nuestro modelo porque les está mejorando la vida”, dice un estratega en la Casa Rosada, cuando explica que llevan adelante un plan de país como el que se intentó otras veces, pero sin tener en cuenta el humor social.



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