Opinión

Facebook y Google

La democracia republicana de los últimos dos siglos es resultado de la división de poderes y los medios de comunicación como auxiliares de esa división. 25|03|18

Influir, manipular –electoralmente a favor de Trump– son los verbos más repetidos para calificar lo que hizo Cambridge Analytica con los datos de Facebook. ¿Pero no influye y manipula electoralmente a favor de Trump a su audiencia Fox News, por ejemplo? ¿Por qué la manipulación hecha a través de los datos de Facebook nos escandaliza y la realizada por medios partisanos o directamente militantes no nos preocupa, aunque podamos rechazarla?

Claramente, la diferencia es la situación monopólica porque si hubiera un solo diario, un solo canal de televisión o una sola radio que concentrara el total de audiencia de Facebook y su nivel de influencia, o si se quiere de manipulación,  también nos escandalizaría. La mejor forma de medir esa estructura monopólica surge de su propia economía: Facebook, junto con Google, concentra el 80% de la publicidad mundial en internet. Nunca en la historia solo dos empresas se quedaron con el 80% de los ingresos de todos los medios de comunicación del planeta. Hoy el escándalo es por Facebook pero el nivel de información acumulada y de datos que tiene Google de cualquier persona cuyo celular sea Android es aun mucho mayor que el de Facebook.

Lo que el escándalo de Cambridge Analytica viene a confirmar no es solo la capacidad de influir y hasta de manipular, sino que uno de los atributos fundamentales de la democracia, que era el voto secreto, dejó de ser secreto. Facebook y más aún Google tienen información suficiente como para indicar por quién votó cada ciudadano.

El escándalo de Cambridge Analytica refleja una problemática mucho mayor que la de las redes sociales

 
En la columna de Perfil.com titulada “Google, Facebook y los falsos profetas de la libertad” se explica que “Michael Kosinski, investigador de la Stanford University, logró predecir con un 95% de efectividad el color de piel de un usuario de Facebook con 68 likes, su orientación sexual (88% de efectividad), su afiliación política (85%), como también su inteligencia, credo, uso de alcohol y drogas, y hasta si los padres del sujeto estaban divorciados (pueden chequearse a ustedes mismos). Ese entre 85% y 95% es con Facebook, Google tiene el 100% de certeza gracias al acceso a los mails (hasta hace unos meses) y chats de todos aquellos cuyos celulares sean Android.

El diario The Guardian, que, junto con The Observer y The New York Times, denunció el escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, publicó que Google financió 329 artículos de investigación sobre políticas públicas para tratar de influir en la opinión pública, los periodistas y los legisladores. Cita el informe “Google’s Academic Influence in Europe” denunciando que “Google invirtió fuertemente en instituciones académicas europeas para desarrollar una influyente red de académicos amigos, pagando decenas de millones de euros a think tanks, universidades y profesores para que escribieran trabajos de investigación que respaldaran sus intereses comerciales. Instituciones financiadas por Google han publicado cientos de artículos sobre cuestiones centrales para los negocios de la empresa, desde la aplicación de la ley antimonopolio hasta la regulación de privacidad, los derechos de autor y el derecho al olvido. Por ejemplo, Google pagó 9 millones de euros para ayudar a establecer el Instituto Alexander von Humbolt en la Universidad Humbolt de Berlín, luego de que los políticos alemanes expresaron su creciente preocupación por el poder acumulado por Google”. El texto menciona ejemplos país por país, como el Net Lab de Francia o la Alianza de Investigación para una Economía Digital en Inglaterra. “Por ejemplo Google –continúa el informe– comenzó a financiar uno de los grupos más influyentes de Bruselas (capital política de la Unión Europea), el Centro para Estudios de Política Europea (CEPS). Cuando el Parlamento Europeo organizó el foro “¿Monopolizarán los monopolios de internet nuestra economía en el siglo XXI?”, un representante del CEPS tituló su exposición “¿Qué monopolios de internet?” y luego el CEPS publicó un artículo titulado “Antimonopolio, regulación y la trampa de la neutralidad: un argumento para una política de internet inteligente basada en evidencia”. Evidencia que, paradójicamente, siempre es provista por Google (y Facebook) a través de sus datos estadísticos, que son la Biblia del mercado (informe completo).

Facebook puede predecir con entre 85% y 95% de acierto preferencias políticas; Google, con el 100%

 
¿Cómo lograron Google y Facebook una organización tan poderosa? Con dinero, con la enorme cantidad de dinero que aspiran de todos los países, quedándose con el 80% de la publicidad sin el costo de tener que producir contenidos propios. El gráfico que acompaña esta columna fue elaborado por eMarketer, la mayor empresa de investigación de mercado sobre publicidad en internet, en medio de la crisis de la caída de 10% del valor de las acciones de Facebook (incluye Instagram), que arrastró también el valor de las de Alphabet (Google más YouTube y decenas de marcas asociadas), que cayó el 9%. Aun así, solo en Estados Unidos, el mercado que se desarrolló más anticipadamente, Facebook y Google duplicarían sus ingresos en cuatro años. Los valores en miles de millones de dólares aquí expresados son solo dentro de Estados Unidos, a nivel mundial para 2020 hay que multiplicar por tres los totales de Estados Unidos. ¿Cuántos periodistas se pueden contratar o directamente cuántos medios se pueden sostener con el 80% de la publicidad del mundo?

La democracia republicana de los últimos dos siglos es resultado de la división de poderes y los medios de comunicación como auxiliares de esa división. Un cambio tan veloz en los medios de comunicación no podría no tener consecuencias en la política. La solución no es menos internet, sino más, vale lo mismo que para el saber: “Los problemas del conocimiento no se solucionan con ignorancia, sino con más conocimiento”. En parte se solucionan aplicando las leyes del mundo no virtual: derechos de autor y ley antimonopolio.



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