lecturas

El proyecto secreto

Dicen los tejedores del tiempo que la literatura es, con suerte, una textura, y desde siempre una mixtura: no hay libro que no rinda tributo a otros libros que reconocemos o ignoramos en el curso de la lectura del presente. 15|12|17

Dicen los tejedores del tiempo que la literatura es, con suerte, una textura, y desde siempre una mixtura: no hay libro que no rinda tributo a otros libros que reconocemos o ignoramos en el curso de la lectura del presente. De hecho, escribir puede ser a veces ordenar o reorganizar nuestra biblioteca, dotando de un sentido particular las nuevas combinaciones. En tal dirección, se abren dos perspectivas: la del autor cuyo mérito mayor es escribir obras donde destellan en su interior aquellas que ha digerido en el proceso de escritura (véase Borges, el gran reductor de cabezas), y la de quien aparece presentándose como la promesa de lo nuevo. En el segundo caso, tal vez ocurre que su novedad es la resurrección de un estilo viejísimo (Así, Faulkner reescribe la Biblia; Joyce refrita banalmente a Homero, etcétera).

En cualquier caso. Después de mi columna de la semana pasada, dedicada ligeramente a la decepción que sufrí leyendo The Master, retrato del novelista adulto, la novela de Colm Tóibín que toma al escritor Henry James como su personaje, Rodrigo Fresán (anglófilo de marca, al igual que Luis Chitarroni), tuvo la gentileza de enviarme una serie de links que remiten a autores que también escribieron sobre o acerca del mismo James. Entre ellos se destaca John Banville, que, según entendí, no escribió solamente una novela sobre James, sino que lo hizo a la manera de este. Banville es un autor polimorfo y puede hacer lo que se le dé la real gana, aunque los resultados no siempre nos parezcan interesantes. Lo notable del caso es que ese esfuerzo de Banville remitió a una novela inconclusa de James, la última (hasta el momento), The Sense of the Past, que Google Translate, el gran mutador, traduce como El sentido de la pasta (¿piensan las máquinas en dinero o en harinas procesadas?), pero que debería leerse como El sentido del pasado (¿O tal vez El sentimiento del pasado?)

Escarbo por aquí y allá buscando el argumento de esa novela y me entero: un personaje desarrolla una afición estética tan minuciosa por las artes del siglo pasado que logra retroceder en el tiempo e introducirse en el siglo que ama. Como no conozco el original, no puedo decir nada acerca de The Sense of the Past, pero no dejo de percibir el gusto exquisito de la trampa de James, que sigue funcionando: refritando estéticamente la operación tecnológica de H.G. Wells con su máquina del tiempo, uno de sus personajes viaja al pasado para encontrarse con su deseo, para ser lo que desea: un habitante del siglo que ama. Un siglo más tarde, Banville encuentra su objeto estético en la escritura de Henry James y viaja al pasado para escribir sobre él, para ser Henry James durante el tiempo de su escritura Y quizá ese libro de Banville sea efectivamente el último libro de James, no firmado por este. Deliciosos encantos como este aporta la literatura, su cadena y su condena.



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