Salir al mundo

El potencial de la Argentina

Una buena política exterior tiene tres dimensiones: la contribución al desarrollo, el aumento del impacto de la diplomacia y la defensa de nuestros intereses territoriales. 25|02|18
Después de dos años de una intensa actividad internacional de la administración Macri, se convierte en crítico definir una visión clara en términos de la política exterior argentina. Pues para tener éxito en este campo, como decía Winston Churchill, “lo primero es decidir adónde uno quiere ir”. Si bien es cierto que el Gobierno habla continuamente de la “inserción internacional inteligente”, esta parece ser una estrategia más que un objetivo o visión, y a veces no parece ser ni inteligente ni efectiva.

Un concepto a la vez aspiracional y concreto podría ser el de “hacer realidad el potencial de la Argentina”. De alguna manera, el presidente Macri ha aludido a esta idea al manifestar en Davos que no hay ningún país con el potencial de la Argentina. También es una visión que puede generar los consensos políticos necesarios.

Si la gran tarea de un verdadero líder, como escribió Henry Ki-ssinger, es “llevar a su sociedad del lugar donde está a un lugar donde nunca ha estado”, es importante agregar elementos que definan “adónde queremos ir”, pero también “cómo queremos ir”. Entre los primeros podemos mencionar la idea de que la Argentina se potencie para convertirse en un “faro de cultura, creatividad y desarrollo”. Nuestro país muestra hoy importantes niveles de cultura y bastante creatividad, pero no altos niveles de desarrollo. En este contexto es importante la elaboración de una visión de desarrollo, y que nuestra diplomacia pueda contribuir en sus aspectos internacionales. Esto incluye lo comercial, donde los resultados de la “inserción inteligente” no demuestran ser positivos.

En cuanto a “cómo queremos ir”, una idea importante pero ardua es la de “lograr un ascenso con consensos”. Para ello se debe describir en forma atractiva y consensuada a la Argentina a la cual nos dirigimos, de manera que tengamos altas probabilidades de llegar a ella.

En el contexto de “cómo queremos ir” hacia esta visión, es valioso tener algún tipo de marco conceptual para poder afrontar con éxito los desafíos que se presentan. Como señaló Churchill, “aquellos que poseen un definido cuerpo de doctrina, junto a una profunda serie de convicciones arraigadas en este, estarán en una mejor posición para afrontar los cambios y sorpresas que presentan los temas cotidianos que aquellos que tienen una visión de corto plazo y solo complacen sus impulsos naturales”.

Un elemento ineludible de este marco conceptual debe ser la definición de los grados de autonomía que debe tener nuestra política exterior. En un mundo pluripolar, parece prudente para nuestro país adoptar una estrategia de “horizontes diversos” en materia de relaciones exteriores. Es decir, mantener relacionamientos positivos y simultáneos con las potencias establecidas, las emergentes y el exterior próximo. Esto nos permitirá evitar, en lo político-económico, relacionamientos que impliquen altos grados de dependencia, y maximizar las posibilidades en materia de comercio e inversión a nivel global. Este enfoque exigirá un gran esfuerzo para nuestra clase dirigente, que debe evitar la tentación de solo concentrarse en las potencias establecidas y el exterior próximo.

A su vez, este marco conceptual debe permitir evaluar si las decisiones que se toman en materia de política exterior son realmente inteligentes y maximizan efectivamente nuestro potencial. Debemos considerar, por lo menos, tres dimensiones: a) la contribución al desarrollo, b) el aumento del prestigio y el impacto de nuestra diplomacia, y c) la defensa de nuestros intereses territoriales. En cuanto a desarrollo, el conjunto de decisiones tomadas debe estar orientado a hacer realidad nuestro potencial económico, para elevar el nivel de vida de la gran mayoría de los ciudadanos. Por otro lado, aumentar el prestigio y el impacto de nuestra diplomacia potencia las posibilidades de que nuestros intereses y puntos de vista sean efectivamente defendidos en un complejo escenario global. Finalmente, defender nuestros intereses territoriales, especialmente en el Atlántico Sur y en la Antártida, es crítico para maximizar nuestro potencial económico y estratégico.

Implementar nuestra política exterior con una visión clara, y con un marco conceptual adecuado, ayudaría a nuestros funcionarios a evaluar si las diferentes medidas que se van tomando son efectivamente inteligentes y realmente maximizan nuestro potencial. Luego, este marco servirá para explicar cabalmente a la clase política y a la ciudadanía la lógica detrás de las decisiones tomadas.
El gobierno de Macri, bajo sus dos cancilleres, ha mantenido una intensa actividad internacional; el impacto parece haberse logrado más en lo simbólico que en lo concreto, si bien bajo Jorge Faurie se observan algunos resultados palpables. Quizás sea tiempo de analizar en forma más pragmática las posibilidades de éxito de las iniciativas más publicitadas por el Gobierno, en términos de una visión y de un marco conceptual realistas, antes del comienzo de su ejecución.

Una herramienta concreta para realizar el potencial de la Argentina son las negociaciones económicas internacionales, pero los resultados obtenidos han sido dispares. En este campo, además de poseer un marco conceptual claro, sería útil evitar declaraciones públicas de tipo voluntarista que debiliten o socaven las posibilidades de éxito de nuestros negociadores. Si bien en lo doméstico la administración puede controlar un importante número de variables y así tomar iniciativas audaces con probabilidades de éxito, esto no es así en el campo global, donde las variables que una potencia media controla son limitadas. En estas negociaciones hay que tener además, y previamente, una acertada apreciación de las “líneas rojas” que nuestras contrapartes no estarán dispuestas a atravesar.
La tarea de “hacer realidad el potencial de la Argentina” es sin duda un inmenso desafío, pero, como afirmó Churchill, “los hombres de Estado no son llamados solo para resolver cuestiones sencillas”.n

*Autor de Buscando consensos al fin del mundo: hacia una política exterior argentina con consensos (2015-2027).
Patricio Carmody*

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