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El partido de la ola

Lo que sirve en política puede tener efectos secundarios en la economía, como ya lo sufrió el peronismo o se lo hizo sufrir a su sucesor.

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El dia mundial de la mujer, 8m, tuvo este año una marcha potenciada por el debate sobre el aborto. | Telam

El tropicalismo del norte de Brasil hace que el realismo mágico latinoamericano sea aún más exuberante y lo mismo que se disimula en otras latitudes allí se exhiba con menos pudor. Hace pocos días venció en Brasil el plazo dentro del cual los legisladores pueden anotar su cambio de partido para el año en curso (hay 32 partidos con representación parlamentaria). Todos los años se producen cambios y los partidos más grandes compran –literalmente– diputados de los partidos más chicos. El método es simple: se le paga una cantidad de dinero por su pase al legislador en cuestión. Pero este 2018 el “pase” vale más caro porque, al ser un año de elección presidencial, cada uno de los más de quinientos diputados tiene una cantidad de minutos de publicidad electoral gratuita que, al sumárselos al partido del candidato presidencial al que apoye, aumenta su campaña en televisión y radio. Las decisiones no tienen en cuenta afinidades ideológicas, solo se presta atención al cálculo monetario y la valoración es así, tanto para el partido que paga como para el diputado que recibe el dinero.

Hace unos años, Roberto Mangabeira Unger, quien fue ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil y ex profesor en la Universidad de Harvard de Barack Obama cuando era un joven estudiante, dijo que en las democracias menos arraigadas hay dos tipos de partidos: los partidos de las ideas y los partidos del poder, también los llama “de la ola”. Los partidos de las ideas están estructurados alrededor de principios y convicciones, lo que se podría llamar ideologías consistentes, catalogables dentro de categorías clásicas como derecha e izquierda. Mientras que los partidos del poder están estructurados utilitariamente para el acceso y la mantención del poder, siguiendo las ideas “de la ola” de cada momento. Los primeros son partidos longevos pero pierden las elecciones la mayoría de las veces. Los segundos, de vez en cuando, pueden hasta cambiar de nombre pero ellos o sus continuadores ganan la mayoría de las elecciones. Partidos del poder son el PRI en México, el peronismo en Argentina y hasta se podría decir lo mismo del Partido Comunista Chino, que pasó del maoísmo al libertarismo económico y del casi exilio interno de cada ex presidente a la posible reelección perpetua de Xi Jinping.

Lo que en la política suma (no ser predecible) en economía resta, por la aversión al riesgo del capital

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El radicalismo fue un partido de las ideas, de Yrigoyen y de Alfonsín, y esa característica (“que se rompa pero que no se doble”) fue muchas veces la causa de no poder terminar sus mandatos ni ser reelectos. A Cambiemos, con el aporte del radicalismo pero con mayoría de genes del PRO, se lo creía un partido de las ideas, las de derecha o centroderecha. Pero en el ejercicio del gobierno nacional se mostró como un partido del poder, que surfea la ola de las preferencias de la errática opinión pública, tratando de influirla pero nunca de contradecirla. Como decía Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”.

Macri exalta la determinación del policía bonaerense Chocobar de disparar por la espalda a un ladrón que huía y empodera la política de “mano dura” de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, un gesto asociado a la derecha, pero simultáneamente propone reivindicaciones de genero más osadas que la propia Cristina Kirchner, como la despenalización del aborto y la estricta igualación de salarios entre mujeres y hombres, políticas asociadas con la izquierda. ¿Qué es, entonces, Macri? ¿De derecha o de izquierda? Categorías que no alcanzan para definir a Cambiemos como tampoco sirvieron para catalogar al peronismo, que siendo un partido del poder pudo seguir lo que “la ola” pidiera, secuencialmente de derecha y de izquierda y simultánea y parcialmente de derecha y de izquierda en diferentes planos, eclecticismo que el peronismo comparte con Cambiemos. El Gobierno no designa al frente de la AFIP a una persona con probado conocimiento en administración pública porque los que tienen experiencia estarían connotados con gobiernos anteriores, pero nombra embajador en Perú a Jorge Yoma.

Tampoco la oposición (populismo versus republicanismo) permite otra forma de canon cuando se trata de partidos del poder, porque dependiendo de “la ola” pueden promover una democracia institucional u otra delegativa. Esa hibridez, que al ser ya digerida y entendida tranquilizaba al círculo rojo con el peronismo en el poder (“ponen el guiño a la izquierda pero doblan a la derecha”), genera desconcierto con Cambiemos, especialmente en el área económica. ¿Qué van a hacer con el dólar? ¿Retrasarlo o promover su aumento?

Cambiemos, con más genes PRO que UCR, comparte con el PJ el estilo ecléctico del utilitarusmo político

Hay mucha perplejidad con Macri. ¿Es una nueva derecha? ¿Una derecha moderada? ¿No está más a la derecha que, en promedio, el peronismo? ¿Es antipopulista o es populista con otras formas y en otros temas? Para sus peores críticos, Macri es pura levedad, inasible por ser líquido, inescrutable por su carencia de ideología. Para sus mejores panegiristas, eso mismo que se le critica sería la virtud y no el defecto de Macri: no poder ser clasificable es una fortaleza en la competencia política. Pero si ser impredecible en el arte de la guerra suele ser un arma, en el arte de la economía es una desgracia porque la aversión al riesgo del capital hace que los tomadores de decisiones salgan del juego, posponiendo inversiones a la espera de que aclare. Lo que sirve en política puede tener efectos secundarios en la economía, como ya lo sufrió el peronismo o se lo hizo sufrir a su sucesor.