Opinión

El gerente de Arlt

Los siete locos es una novela sobre la angustia, sobre la angustia de vivir bajo el yugo de la gerencia. 21|01|18

Pocos momentos más aptos que el actual para volver a Los siete locos, de Roberto Arlt, a su primera frase: “Al abrir la puerta de la gerencia…”. En la gerencia, el director acusa a un empleado –Erdosain– de “estafador” y de haber robado “seiscientos pesos”. Luego de esa escena inaugural se dispara la novela, en la que Erdosain, desesperado por la falta de dinero, se une a una sociedad secreta que pretende cambiar el orden social a través de una revolución financiada por una red de burdeles. Publicada en 1929, en los albores de la gran crisis del capitalismo, obviamente en la novela suceden muchas más cosas. Pero en vez de avanzar, podemos retroceder y fijar la atención en una palabra, una palabra de la primera frase: gerencia. ¿Qué valor cobra hoy la palabra gerencia entre nosotros? Deberíamos poder hacer una genealogía de ese término. Cuándo se lo utilizó en la literatura argentina, de qué modo, o de qué modo no se lo usó. No estoy en condiciones de dar, aquí y ahora, una respuesta. Simplemente, a modo de hipótesis, me atrevo a decir que “gerencia” es una palabra que parece haber desaparecido de nuestra habla. Casi nadie la usa, o se la usa poco. Mejor dicho, parece haber mutado hacia otro concepto: el de CEO. El CEO es el gerente de los gerentes. Pero a los gerentes ya no se los llama gerentes: se los llama “equipo”. Un CEO tiene un equipo que sabemos que está formado por gerentes, pero que se presenta, al menos en la comunicación, en el relato, en el sentido social, no como una estructura vertical, casi militar (gerente general, gerente de área, subgerente de área, director general, subdirector general, etc.) sino como un modo de circulación de la palabra casi horizontal, podemos decir casi democrático, como un ágora, que tiene un punto de referencia, obviamente el CEO, pero que remite a un dispositivo topográfico circular: todos alrededor de una mesa, intercambiando puntos de vista, mirando hacia el mismo lado (digamos, hacia la proyección de un Power Point).

La gerencia es un cargo y a la vez un lugar: es una posición en una empresa, pero también tiene una dimensión fáctica que no es circular, es todavía extremadamente jerárquica: en Los siete locos citan a Erdosain a la gerencia como se cita a un alumno a dirección: el poder del gerente es total y absoluto. El director le da un ultimátum y no hay instancia de negociación. No hay diálogo, no hay consenso. Hay imposición desnuda de un poder injusto. ¿Son así hoy las cosas? O formulada la pregunta de otro modo: ¿cuál sería hoy el lugar de los CEO? El Estado. Los gerentes ya no están (solo) en las gerencias, sino en los ministerios, incluso en la Presidencia de la Nación. Y el primer trabajo de los CEO es el de borrar la condición vertical y autoritaria del cargo. Borrar la condición militar, jerárquica y de abuso de poder (es decir, la impunidad) del asunto, y volverlo, al modo del simulacro, democrático, horizontal. Leer hoy Los siete locos implica un ejercicio de desmonte de ese uso político-mediático de la gerencia, y reponer todo lo que hay allí de oscuro, de cruel, de inhumano, de negocios espurios, de injusticia social.

Se ha dicho muchas veces, y con razón, que Los siete locos es una novela sobre la angustia. Se puede agregar que es la angustia de vivir bajo el yugo de la gerencia.



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