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El esfuerzo de la apariencia

La sociedad se reproduce no tanto sobre la verdad, sino sobre las escenas que se montan como realidades en la continuidad de la comunicación cotidiana. 11|03|18

Extrovertido, desenfadado, íntimo, honesto y directo; todo eso era Nicolás Massot en el programa que pensaba no estaba al aire. A la ramificación sin barreras de sus ideas le siguió el congelamiento sorpresivo. Preguntaba para entender, porque en realidad se habían ido a un corte, por lo menos había entendido eso,y siguió preguntando con un desnudo estupor hasta que no pudo seguir hablando.

Hay algo de fascinación en el episodio, que no es en realidadlo dicho, sino la evidencia de dos espacios, uno expuesto como escena ante el público, y otro posible fuera de la audiencia masiva. En el universo social en el que reproducimos nuestras ideas del mundo, articulamos nuestra interacción social en innumerables pliegues entre lo público y lo privado, y son tantos y simultáneos, que existe el riesgo del olvido de los límites.

El gobierno nacional expresa abiertamente la supuesta oportunidad que tiene hoy la Argentina de sumergirse en un proceso de diálogo abierto, y entonces se reúne con gobernadores de otros partidos, intendentes y hasta abre la opción del debate en el Congreso sobre la despenalización del aborto. Existe así la simulación del diálogo frontal y sin fronteras, en un país donde ahora se diría la verdad. Pero Massot ante su verdad queda petrificado, estupefacto.

La relación con la verdad es problemática, casi ficticia. El presentador de noticias espera también la señal del productor para sentarse correctamente y desplegar la supuesta realidad de su escena seria sobre los problemas del país. Antonio Laje hace lo mismo que Massot, se expone en un formato ante cámaras sabiendo que existe allí una audiencia que tiene sobre su figura ciertas expectativas.

La sociedad se reproduce no tanto sobre la verdad, sino sobre las escenas que se montan como realidades en la continuidad de la comunicación cotidiana. Nosotros mismos, nuestra individualidad, nuestras percepciones, lo que imaginamos, están dentro nuestro sin acceso puro desde el afuera y solo haciendo uso de la comunicación (no de la telepatía) es que logramos representar intenciones, sensaciones o voluntades. En realidad, todo se trata de la adaptación a contextos de comunicación.

Están de moda las escuchas de Cristina Kirchner con Parrilli. Se las presenta en general como escandalosas y reveladoras, pero en realidad son diálogos casi de opinión sobre la coyuntura. Lo relevante de la plática entre ellos es que pertenecen al ámbito privado y que por lo tanto poseen el formato de cercanía que ese contexto cuidado permite. Su divulgación adquiere casi el formato de espectáculo, ya que nada esclarece sobre causas y solo confirma una vez más que los políticos, como todos, como todos nosotros, tenemos comunicaciones adaptadas a las circunstancias que los contextos imponen.

Es muy atractivo que tanto Cristina como Massot expresen, fuera de la escena pública, una mirada muy similar sobre la necesidad de un peronismo futuro renovado, joven. No es en el espacio público donde esto se debate, es en la supuesta intimidad que luego se revela y que en ambos casos muestra todo lo que al peronismo le cuesta tratar abiertamente. En esta dinámica compleja se encuentra un síntoma de dificultad en unos y límites en otro.Cambiemos tiene un lado público y otro privado. Ambos se despliegan ante el público masivo uno, y dentro y con intensidad otro.

Los retiros espirituales o los manuales de timbreos son ejemplos del control y la preocupación de la adaptación de escenarios. El peronismo, al contrario, no tiene definido ni su rostro público, ni el privado. Cristina habla en soledad con Parrilli y es probable que el peronismo sea hoy una infernal multiplicidad de llamados cruzados sin eje de conexión. Para poder estructurar comunicación se requiere adaptación a los mecanismos sociales que definen ámbitos. El peronismo seguirá teniendo problemas de intención de voto y de imagen hasta que no resuelva qué dice por un lado, y qué por otro.

Lo que se presenta como un momento terrible para Massot es, en realidad, la expresión de una claridad inexistente en todo el resto del universo político. Massot dejó al desnudo su claridad, al mismo tiempo que el despiste infernal de los demás. Justamente lo mismo que le dice Cristina a Parrilli.

*Sociólogo. Director de Quiddity.



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