PANORAMA ELECTORAL

El escenario después del rescate

. 26|05|18

Para el oficialismo, la consecuencia de mayor impacto electoral que deriva del acuerdo “preventivo” con el FMI será sin duda que las posibilidades de relajar las políticas de ajuste –ya antes del acuerdo erosivas para con la popularidad del gobierno y sus principales figuras– se verán muy limitadas de cara a las elecciones del año 2019.
En efecto, a diferencia del año 2017, cuando el Gobierno bajó la intensidad de las restricciones para enfrentar el año electoral, nada de esto será posible en octubre de 2019, en el marco de las condicionalidades extremas que impondrá el FMI al acordar el rescate.
Respecto al relajamiento del ajuste para enfrentar las elecciones de medio mandato, señalaba Axel Kicillof, temible ex ministro de Economía más conocido popularmente como el Robespierre de Parque Chas: “En 2017, para ganar las elecciones, Macri recurrió a algunos anabólicos transitorios. Como no llegaban ni la prometida lluvia de inversiones, ni los brotes verdes, ni el segundo semestre, ni la luz al final del túnel, el Gobierno decidió poner una pausa en el ajuste: repartió más de dos millones de créditos a jubilados y asignación universal por hijo, se aceleraron las obras superficiales, se pospuso el tarifazo y se indexaron los salarios con la cláusula gatillo”. 
Por el lado del oficialismo, la formalización del acuerdo con el FMI diseña un escenario electoral muy estricto para el año 2019, mucho más estrecho que el del año 2017 y el imaginado antes de la crisis económica y financiera de mayo de 2018.
Por el lado de la oposición, desde una parte importante de la patria consultora, se insiste en plantear la existencia de un “terreno llano” y de dispersión de fuerzas como paisaje dominante.
No parece ser ese más que un deseo de muchos analistas y encuestadores, ya que hasta un niño observa la existencia de un liderazgo opositor nítido, recortado y sólido: el de Cristina Kirchner.
Nada más alejado del “terreno llano” opositor, que imagina un espacio diseñado mediante la suma de dirigentes autodenominados “peronistas” con liderazgos misteriosamente equivalentes como condición necesaria de supuesta “eficacia electoral”: Cristina + Massa + Randazzo + etc.
Desconoce este diseño mitológico de la “unidad”, que la dinámica electoral CFK reúne el triple de votos que todo el resto sumado.
Hay además un error conceptual de base en el diseño mítico del dispositivo de “unidad” en base a liderazgos equivalentes.
El planteo de “unidad” que de este diseño surge supone que, por citar el caso más reciente de provincia de Buenos Aires, los votos que deben “recuperarse” son los que obtuvieron en el año 2017 el frente 1 País y el sello PJ.
 Nada más lejos de la realidad electoral. Todos los estudios cualitativos y las leyes de formación y funcionamiento cuantitativas del FpV nacional señalan que la mayoría de esos electores “peronistas no K o francamente anti K ” son refractarios a dar el voto a opciones organizadas en torno al liderazgo de CFK.
Contrario sensu, el análisis de la mayoría electoral nacional constituida por el kirchnerismo en el lapso 2003-2011 muestra que este tuvo un fuerte componente de voto cruzado con opciones distritales vinculadas al PRO –formación eje de la coalición Cambiemos–, voto cruzado PRO-FpV observado en Buenos Aires, Córdoba, CABA, Santa Fe, y que en el año 2015 y persistentemente aún en el año 2017, por motivos diversos estos electores optaron nacionalmente por el actual oficialismo.
En esta perspectiva de análisis, la verdadera unidad a construir es con los ciudadanos que por motivos genuinos no acompañaron la oferta electoral del FpV en el año 2015 y de UC en 2017 votando mayoritariamente a Cambiemos, y no la mítica unidad con los dirigentes “peronistas” que por motivos mezquinos apoyaron el ajuste oficialista, el más autoritario y antipopular desde la recuperación democrática.

*Director de Consultora Equis.



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