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Diseño de libros

. 25|03|17
Llegó a mis manos Vicente Rojo. Diseño gráfico (copyright de cuatro editoriales e instituciones mexicanas, cuarta edición, D.F., México, 2014) con prólogo de Carlos Monsiváis y testimonios, entre otros, de José Emilio Pacheco y José Luis Cuevas. Publicado originalmente en 1990 como catálogo que acompañaba la gran exposición sobre los cuarenta años de trabajo de Rojo como diseñador, hoy es un bello libro que se sostiene solo, muy bien editado y presentado, de venta en librerías. Diseñador de algunos de los más característicos libros de la vieja Joaquín Mortiz, de la célebre primera edición de Cien años de soledad (Sudamericana, Buenos Aires, 1967) y del diseño original de la muy querible Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Rojo es sobre todo sinónimo de la editorial ERA, de la cual es fundador (la “r” de ERA le pertenece) e histórico director artístico.

Leyendo el libro, pensé en si con el auge del libro digital (auge no obstante menor que el esperado o promocionado) el diseño editorial tendría los días contados, como lo tuvo el arte de tapa de los antiguos discos. Pero en vez de avanzar por esa vía –entre melancólica y resignada–, me puse a pensar en cuáles son los diseños que me gustan, y por qué razón. Creo que lo que más me interesa del diseño de un libro no es que sea bello, sino que tenga identidad. De hecho, considero a Rojo como uno de los más grandes –si no el más grande– diseñador de libros y productos editoriales de América Latina, pero no estoy tan seguro de que me gusten demasiado sus trabajos. Pues no importa: importa que cada libro, cada colección, cada editorial tenga una fuerte identidad. De pocas cosas sospecho más que de los libros lindos, bellos, atractivos. Muchas veces los diseños de Rojo se me hacen aburridos, previsibles y hasta anodinos, pero entro a una librería y a veinticinco metros de distancia reconozco que el que está sobre la mesa es un libro de ERA (así encontré inmediatamente, entre centenas, si no miles, de libros en una librería de la calle Donceles la primera edición de La muerte de Miss O., de Ulises Carrión).

Otro tanto podría decir de los diseños de Alberto Corazón para la colección de poesía de Visor. Maliciosamente, en España los llaman “ataúdes” (por su fondo negro pleno y su formato largo y vertical) pero el mundo entero reconoce que ése es un libro de Visor, y que Visor es una buena editorial de poesía, con libros de buen precio, accesibles y con un aceptable catálogo. El caso de Anagrama no es diferente, al menos en sus tres colecciones insignes: pocas colecciones más feas que Panoramas de Narrativas (las ediciones de tapa amarilla, dedicadas a ficción traducida), Narrativas Hispánicas (gris, de autores de lengua castellana) y Compactos (libros de bolsillo de todos los colores imaginables), pero a la vez, por décadas, son las tres colecciones más reconocibles en todo el territorio español (tal vez, el relativo fracaso de colecciones más recientes, como Compendium, se deba a que no encontraron un diseño gráfico con la pregnancia visual de los otros).

Entre nosotros, es imposible no mencionar las ilustraciones de tapa de Daniel García para la editorial Beatriz Viterbo (a veces pienso que Aira le debe su carrera a García). El diseño de la colección Conocimiento de Katz Editores es insuperable. Habrán notado que no mencioné un solo suplemento cultural. ¿Por qué será?

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