Universidad

Ciencia y tecnología, el mejor aporte de la educación

Apostar por la inversión en invetigación aplicada es una decisión acertada que puede tener un país para lograr su desarrollo. Se trata del único camino posible para lograr una transformación social positiva. 26|03|17
El conocimiento científico y tecnológico es una de las principales riquezas de las sociedades contemporáneas y un elemento indispensable para impulsar el desarrollo económico y social. La ciencia, la tecnología y la innovación aportan herramientas necesarias para la transformación de las sociedades y de sus estructuras productivas, la explotación racional de los recursos naturales, la alimentación y la educación.

Para el desarrollo de un plan de reforzamiento de la investigación, a escala nacional e institucional, es necesario definir líneas estratégicas, teniendo en cuenta la consolidación de nuevos paradigmas tecnocientíficos con capacidad de trasformar positivamente la sociedad y la producción en casi todos los sectores. En ese sentido, es posible asignar un carácter estratégico a la investigación en TIC, nanotecnología, biotecnología, tecnología de alimentos, biomedicina, energía, explotación sustentable de recursos naturales, entre otras.
Las universidades son fundamentales para formular una estrategia para la ciencia, la tecnología y la innovación, además de suscitar vocaciones científicas y tecnológicas en las nuevas generaciones. Estas instituciones deben tener como meta promover el desarrollo de la investigación en los diferentes ámbitos del conocimiento y su transferencia a la sociedad.
Práctica. Para que los conocimientos contribuyan al desarrollo de una sociedad, éstos deben finalizar en la acción productiva. Para despegar como país desarrollado y combatir la pobreza y la desigualdad, necesitamos desarrollar investigación con producción y aplicación de conocimiento, esto es, saber y saber hacer.

Ya no se habla solamente de investigación y desarrollo, se habla de investigación, desarrollo y sociedad, incorporando a la investigación y al desarrollo la innovación: I+D+i. La investigación procede del campo de la ciencia, el desarrollo procede del campo de la economía y la innovación, del campo de la tecnología, sobre todo hoy, de las TIC.
Tampoco debemos olvidar los recursos humanos y, principalmente, su formación y capacitación. El investigador se forma desde los primeros ciclos de su formación. Esperar a que los alumnos aprendan a investigar en la universidad es perder oportunidades y potencialidades. El desarrollo científico se inicia desde niños. Y no basta que aprendan a manejar el pensamiento científico, sino que deben aprender a diferenciar certezas científicas de hipótesis, las creencias fundadas de las infundadas, y aprender otras formas de pensar.
Por otro lado, la brecha entre la demanda del mercado de trabajo y la formación universitaria viene generando una polémica entre los expertos. Las demandas de la sociedad exigen individuos no sólo con pensamiento crítico y formación humanística para contribuir con el desarrollo sostenible, sino también con capacidades sólidas para insertarse en un mercado laboral cada vez más exigente.

Por esta razón, el rol de las universidades en la formación de este tipo de profesionales es un tema de discusión actual entre los académicos. Si bien las casas de altos estudios deberían orientar su formación para responder a una necesidad específica del campo laboral, no necesariamente deberían convertirse en una organización del conocimiento sometida a las demandas del mercado. Deben formar profesionales buscando la formación integral de la persona. Pero al mismo tiempo, tampoco deben alentar el inmovilismo y seguir reproduciendo profesionales con moldes de modelos ya superados.
La estructura burocrática de la universidad, en general, es muy lenta y no logra emparejarse con la evolución del mercado de trabajo y la sociedad misma, debido a la celeridad con la que cambia. Innovaciones, demandas de nuevos perfiles profesionales y la capacitación en nuevas tecnologías no siempre logran incorporarse a los contenidos programáticos universitarios en los tiempos y formas que se demandan por parte de la sociedad.

Otros espacios. Si bien en el pasado las actividades de I+D+i eran financiadas en su mayor parte por el gobierno, en la actualidad nuevas fuentes de financiamiento están emergiendo y deben ser aprovechadas por las universidades. En este sentido, las fundaciones, ONGs y, en particular, las organizaciones financiadoras extranjeras juegan un papel importante. Adicionalmente, la contribución de las empresas privadas está adquiriendo mayor relevancia y reconocimiento en un creciente número de países en desarrollo.
En los últimos años, la innovación ha alcanzado especial connotación como el principal impulsor del crecimiento económico, ya sea a través de innovaciones de naturaleza incremental o radical. Las actividades de innovación incluyen la incubación de ideas, la generación y la transferencia de conocimientos, la adquisición de tecnologías, la comercialización de productos, la investigación básica y aplicada y el desarrollo experimental.

En este sentido, la universidad de Morón tiene como misión promover y articular la investigación científica y humanística, la innovación tecnológica y la enseñanza experimental. Desde su Secretaría de Ciencia y Tecnología se reglamenta, coordina y potencia la inversión de los recursos humanos y materiales de que dispone a este fin, en estrecha colaboración con las áreas de investigación, transferencia de conocimientos y enseñanza experimental de cada facultad, desarrollando más de setenta proyectos científicos.
La implementación de un sistema de investigación –producto de la disposición de las autoridades de la universidad en impulsar el área– y la creación de un fondo de financiamiento especial para tal fin han generado la posibilidad cierta de alcanzar niveles de excelencia y calidad institucional en el área científico-tecnológica y lograr tareas de innovación y transferencia de conocimientos a la comunidad.

*Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Morón.
Jorge Raul Lemos

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