Submarino ARA San Juan

La Argentina Cromañón

Reflexión urgente sobre un siniestro que se podría haber evitado. 23|11|17

Primeras reflexiones urgentes sobre las novedades en torno al ARA San Juan.

La más dolorosa es que parece que no terminamos de aprender los efectos devastadores de la corrupción, de la desidia, de la truchada. Nos prometieron y nos prometimos que el desastre de Cromañón, hace casi 13 años, sería un punto de inflexión. Otro nunca más. Pero hubo un Once. Y ahora esto. Y antes, durante y después, decenas de miles de pequeñas obscenidades que costaron vidas a las que me niego llamarlas tragedias, porque se podrían haber evitado.

Ahora sale que el San Juan habría tenido en 2014 un incidente grave que se ocultó públicamente. Que la nave no habría estado en condiciones de salir a alta mar, según los familiares. Que los materiales eran obsoletos. Atarlo con alambre no puede ser un sistema, sino apenas un recurso casero mientras se aguarda la solución de fondo.

Estos siniestros no sólo reflejan el deterioro de nuestros presupuestos y prioridades. También expresan hasta qué punto nos hemos (mal) acostumbrado a vivir y morir en medio de alambres atados, con los que creemos zafar. Y no.

Resisto la tentación de las responsabilidades políticas, sobre todo ante el desarchivo de la expresidenta anunciando un ARA San Juan para los próximos 30 años. De agitar eso ya se están encargando otros.

Acaso podamos aprender de estos hechos algo más rápido, culturalmente hablando, y menos costoso en inversión de dinero.

Acompañemos a las familias, no las dejemos solas. En eso, muchas veces, también nos comportamos como una sociedad bananera.



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