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Gabriela Michetti: “Monzó tiene razón, faltó más política territorial”

La vicepresidenta cree que habrá pocos ministros como candidatos en las elecciones y revela que Macri nunca soportó a los funcionarios con mucho ego. Domingo 12 de Febrero de 2017 10:20 hs.

Mientras comienza a maquillarse para las fotos, en su despacho del primer piso de la Casa Rosada un mozo se acerca a retirar las pocas frutas cortadas que le sobraron del almuerzo. Dos años atrás, Gabriela Michetti soñaba con conformar Cambiemos e intentaba, junto a Emilio Monzó, convencer a Ernesto Sanz de que llevara a la UCR a un acuerdo con el PRO. Hoy, con PERFIL, habla del futuro.

—¿Qué opina del tema del Correo, que involucra a Franco Macri?

—Nuestro gobierno defiende la transparencia y la honestidad en la gestión de los recursos públicos, a la par que una Justicia independiente que pueda controlar las acciones de los funcionarios. En este caso, por una decisión tomada en la gestión anterior por la Procuración del Tesoro de la Nación, interviene la Secretaría (ahora ministerio) de Comunicaciones. La Justicia debe ahora decidir si acepta los acuerdos para que todos los acreedores que acordaron (600 particulares y el Estado, en mejores condiciones), puedan cobrar y sus créditos dejen de depreciarse por inflación. A esto se suma la intervención de la Oficina Anticorrupción. No hay aquí nada que no esté a la luz de toda la ciudadanía.

—¿Cómo está el Gobierno hoy?

—Está en la dirección correcta, fortaleciéndose paso a paso. Después de un año de recesión dura, de una problemática fuerte en el poder adquisitivo que era imposible evitar después de la salida del populismo, como en la vida personal cuando salís de una mentira y hay dolor, hoy entre el 56% y el 60% nos sigue dando apoyo.

—¿Con la salida de Prat-Gay y Melconian hubo una decisión de eliminar disidentes?

—No veo en esas salidas una cuestión de evitar críticas internas. Tuvieron mucho más que ver con cuestiones de coordinación de equipo, de empatías y afinidades en el manejo grupal. En las reuniones de gabinete, y en las de coordinación, el Presidente está todo el tiempo escuchando diferencias e ideas distintas, si no no podría haber una lógica de trabajo. Las reuniones existen porque hay discusión y hay intercambio. No estamos todos callados y Mauricio diciéndonos lo que hay que hacer. Si no sería como el gobierno anterior: la presidenta no hacía reuniones de gabinete ni de nada, y decidía ella.

—¿Macri no se banca más a los que tienen mucho ego?

—Eso siempre fue así, desde la jefatura de Gobierno. Recuerdo una reunión de gabinete, a principio del año pasado, que nos dio a todos un texto. Se vino él solo con un pilón de fotocopias que había mandado a hacer, nadie sabía que iba a hacer eso, y repartió un texto sobre la humildad que fue un shock. Como diciendo: “Acá nadie es más que nadie”.

—¿Marcos Peña es el funcionario más poderoso del gobierno después de Macri?

—(Piensa) Es una de las personas más influyentes y de mayor confianza del Presidente. No sé si le pondría el título de más poderoso, porque a él no le gustaría eso. A Mauricio lo hace sentir seguro y tranquilo tener un jefe de Gabinete como Marcos, que además está acompañado por dos personas excelentes como Mario (Quintana) y Gustavo (Lopetegui).

—¿Le gusta cómo funciona ese tridente de poder?

—Sí. De hecho, antes que comenzara el gobierno, con Mauricio empezamos a charlar esta idea de tener un jefe de Gabinete con dos vices. Yo conocía mucho a Mario Quintana. Estaba internada esa última semana (antes del ballottage) porque me había contaminado con una salmonela, una bacteria terrible que me dejó muy mal, y vino él a conversar conmigo a las 8 am, con la enfermera tomándome la fiebre y otra acomodándome el suero. En esa situación nos pusimos a conversar con Mauricio y justo ahí me contó que Marcos iba a ser jefe de Gabinete y la lógica de tener dos vicejefaturas para ayudar. Yo le propuse que pusiera a Mario en una, y me preguntó cómo era ya que yo lo conocía.

—¿Hay ministros que deberían ser candidatos para oxigenar el gabinete?

—Sólo en el caso en que definitivamente sintamos que un ministro va a ser más funcional a este proyecto siendo candidato que ministro. No queremos especular con esto. Al equipo de gobierno hay que cuidarlo, no creo que haya muchos cambios.

—¿Comparte con Monzó que falta política territorial?

—Es probable que haya faltado, pero también es probable que no hayamos podido hacer algo muy diferente a lo que hicimos. El PRO tiene 14 años, no somos muchos. Aunque estamos en una coalición con la UCR y la Coalición, el equipo de gobierno está con la totalidad de los dirigentes abocados a la gestión. Es muy difícil tener gente disponible para hacer política territorial como Emilio (Monzó) querría. Creo que tiene razón: faltó tener más política territorial. Ahora, la capacidad del primer año de gobierno para hacer las dos cosas a la vez bien era complicada. Tomamos un Estado en una situación calamitosa y va a costar ponerlo en su lugar. Y la mayoría estamos en esta tarea. Por lo cual, la política territorial quedó en un segundo plano. Ahora, teniendo elecciones cercanas, vamos a tener que cuadruplicar esfuerzos y hacer las dos cosas a la vez.

—¿Qué opina de la figura de Duran Barba?

—Cada uno tiene su rol, y Jaime no tiene el rol de hacer política territorial, sino de ser un asesor comunicacional. Es cierto, y en eso coincido con Emilio, que el otro tiene que respetar un rol. Hay una necesidad de cada uno de, si queremos funcionar bien como equipo y superarnos, aceptar que el otro tiene un rol importante y no minimizarlo.

—¿Cambiemos debería abrirse al peronismo?

—Hay que salirse de la lógica sobre el PJ, sólo el 26% de la gente se siente identificada con un partido. Hay que mirar si los dirigentes son valiosos o no para sumarlos.

—Monzó nombró al gobernador Urtubey.

—Soy muy amiga de Juan Manuel. Siempre le he dicho que tiene que estar cerca nuestro, en el sentido de aportar a un proceso de cambio de Argentina. Y los que nombró Emilio me parecen todos valiosos: (Omar) Perotti, Urtubey, (Florencio) Randazzo. Gente que ha hecho las cosas bien en la política y que es respetada por la gente. Si esos dirigentes quisieran sumarse a un proyecto como el nuestro, me parece bárbaro.

—¿En qué está la causa de la fundación SUMA?

—Está en el juzgado de Lijo con las pruebas que hemos mandado, donde se explica exactamente de qué se trata lo que denuncié: por qué faltaba esa plata. Y además, entre esas pruebas, hubo informes y documentación de la IGJ y la AFIP que, en todos los casos, dieron una información positiva respecto a SUMA. No hay nada que se le pueda criticar a la fundación. Como había dicho desde un inicio. Así que esperaremos una definición del juez.


“No vivo con mi novio porque él no quiere”

Michetti sigue viviendo en su histórica casa de Balvanera, mantiene su vínculo muy cercano con su hijo Lautaro (24) y está de novia, desde “hace seis o siete años”, con el empresario Juan Tonelli, aunque no conviven.

—¿Por qué no viven juntos?

—Decidió él no convivir (risas). Yo siempre digo, a mí me gusta mucho la familia junta, el matrimonio. Cuando me separé, sufrí mucho, no sólo porque quería mucho a mi ex marido (Eduardo Cura, a cargo del Canal de la Ciudad) sino por un proyecto familiar. Siempre me ilusiono con la idea de poder tener un matrimonio y una familia. Soy muy tana en eso. Pero Juan no quiere. Ustedes tienen que hacer algo (se ríe). No hay manera. Cada tanto vamos a un casamiento y le digo: “Mirá qué lindo, ¿podríamos hacer algo así, no?”.

Este verano, Michetti decidió volver a Bariloche. “Nos gusta mucho la tranquilidad. Vamos a las playitas que hay en los lagos. Nos ponemos con nuestros libros, tranquilos, leyendo y charlando”, relata. Y cuenta el último libro que leyó: “Uno muy grande, muy gordo, que no lo terminé: la biografía de Jesús escrita por un historiador inglés.


Reducciones en el Senado

Uno de los orgullos de la vicepresidenta es su trabajo en el Senado. Según el informe de gestión de 2016, la Cámara alta, que ella preside junto a Federico Pinedo, sesionó un 28% más que el año anterior. Sin embargo, el tema central fue la herencia que dejó Amado Boudou: más de 1.500 contratos sin control que fueron reducidos. Hoy se redujo la estructura de cargos un 35%. Además, una deuda de $ 144 millones y decenas de adjudicaciones directas. En este sentido, se rearmó un reglamento de compras y contrataciones y se generó un fondo para obras de $ 255 millones.



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