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A casi un año de los bolsos

El monasterio de López: la Iglesia le quitó apoyo y luce abandonado

El arzobispo Radrizzani confirmó que terminó el vínculo con la asociación que lo maneja. El lugar afronta problemas económicos y se nota la falta de mantenimiento. Domingo 14 de Mayo de 2017 21:12 hs.
A casi un año de que José López tirara bolsos con US$ 9 millones, el monasterio de General Rodríguez que trascendió a la escena nacional afronta una realidad impensada. A los problemas económicos y los signos de abandono, la asociación privada que lo dirige ya no tiene entidad formal dentro de la Iglesia.

Por orden del arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, la Asociación Familia Misionera de Nuestra Señora del Rosario de Fátima ya no cuenta con ninguna jerarquía dentro de la Iglesia. La decisión se tomó hace unos meses, luego de la investigación eclesiástica. Radrizzani le explicó a PERFIL las razones de la “supresión”: “Me pareció prudente, porque con cuatro miembros (el monasterio) no tenía entidad numérica suficiente y no creció el número de fieles desde que se constituyó”.

La Asociación fue fundada hace treinta años por el ex arzobispo Rubén Di Monte –vinculado al kirchnerismo– y estaba integrada por las religiosas del monasterio. Tras su muerte, en abril de 2016, quedó a cargo la madre Alba Martínez, que sufre deterioro cognitivo según las pericias.

Martínez, de 95 años y postrada desde hace cuatro, fue declarada inimputable en la causa que tramita el juez Daniel Rafecas. En tanto, Inés Aparicio, que ayudó a entrar los bolsos de López, quedó procesada junto al ex funcionario kirchnerista. A ellas se suman dos hermanas mencionadas en el expediente. “Esperamos la definición de la Justicia”, enfatizó Radrizzani.

Estado. El monasterio de las Monjas Orantes y Penitentes de Nuestra Señora del Rosario de Fátima está sumido en una quietud que contrasta con la visita frecuente de vehículos caros descripta en testimonios. Le robaron parte del alambrado olímpico y la media sombra verde que cubría todo el frente. Las cámaras de vigilancia se apoyan en paredes agrietadas. Un farol ubicado en la puerta está prendido incluso de día, y es de los pocos que lo están a la noche. Aquella madrugada del 14 de junio estaba apagado cuando Jesús Omar Ojeda, el testigo clave, dio aviso a la policía luego de que “un hombre” aventara “bolsas negras” y saltara el portón.

Si ya antes las religiosas –no son monjas formales– habían reducido el trato con los vecinos, en los últimos meses se notó más, cuentan. La reserva es norma. “No me pregunte porque no le voy a decir nada”, le dijo la hermana Aparicio a PERFIL.

Traslado trunco. El Arzobispado evaluó después del escándalo el traslado de las religiosas a Luján, pero la posibilidad se cayó ante la negativa de la Asociación, propietaria del predio. La intención era cederlo al municipio de General Rodríguez, que proyectó un hogar de niños. El monasterio tiene una casa inconclusa de ejercicios espirituales con 17 habitaciones. “Hicimos la gestión, el obispo estaba de acuerdo, pero la asociación se opuso”, consignó a PERFIL el intendente Darío Kubar (Cambiemos).

De fondo, emerge la cuestión económica. La Asociación señaló luego del escándalo que se hallaba “en problemas para cubrir todos los gastos”. Declaró que se sostenía a partir de donaciones y, en vida de Di Monte, de su jubilación. De hecho, recurrió meses atrás a la venta de muebles. Al frente de esa decisión se señala a Ana Pronesti, gestora automotor y quien habló el año pasado como ayudante. Sin embargo, dijo a PERFIL no visitar el lugar en la actualidad.


A Jesús le ofrecieron hacer política

“¿Vos sos de impresionarte?”, le preguntó un policía a Jesús Omar Ojeda la mañana del 14 de junio. Lo condujo entonces por distintos ambientes hasta la cocina, donde le mostró los bolsos abiertos. José López había llevado al monasterio 8.982.047 dólares, 153.610 euros y 49.800 pesos, además de seis relojes de lujo y una carabina. Los empleados bancarios, llevados por la Justicia, “contaron 108 paquetes”, recuerda hoy Jesús.

Repartidor de pollos, se levanta a la madrugada para cargar la mercadería que venderá a la mañana. Reniega del nombre “Jesús”, como se lo conoció, y prefiere Omar, que utiliza desde chico. Con 50 años, padre de cuatro hijos y ya abuelo, le ofrecieron participar en política, aunque evita nombres.

Como el resto de los vecinos, coincide en el poco movimiento en torno al monasterio. Le llama la atención, no obstante, que a veces pasan autos que observan unos segundos, doblan en U y se retiran. “Es raro”, señaló.
—¿Le cambió la vida?

—No lo pienso así. Sí en cuanto a que tenés que andar con cuatro ojos por si se arrima un auto. Después no, para nada.


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