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cultura

Al mal tiempo buena cara

El panorama general no parece haber cambiado tanto del año pasado hasta ahora. Y, sin embargo, los principales actores de la industria editorial se muestran optimistas. Especialmente aquellos especializados en la edición de libros infanto-juveniles, un sector que no para de crecer. En cuanto al resto: miradas cómplices y buenos deseos para otra Feria del Libro que comienza. Domingo 23 de Abril de 2017 05:31 hs.

Hace un mes en la ceremonia de entrega de premios del nuevo concurso de cuentos de la Fundación El Libro, su presidente Martín Gremmelspacher destacó lo valioso que, en medio de difíciles momentos para la industria del libro argentino, aún se siguieran convocando a concursos así. No es novedad lo discreto que fue el año pasado en cuanto a cifras. Según el Observatorio de la Industria Editorial se registró una caída de la demanda de un 26%, pero además hubo un aumento de las importaciones de un 95% y quejas de las librerías porteñas y de las editoriales independientes, que implementaron diversas estrategias para mitigar el impacto del mal año. Todo esto completa el poco esperanzador panorama con que comienza la 43ª versión de la FIL este jueves 27 de abril.

Fernando Zambra, director del Observatorio de la Industria Editorial, afirma que los primeros meses de 2017 “vienen manteniendo los niveles de venta de 2016”, aunque con una pequeña mejora, lo que demuestra que la recuperación “está costando mucho. No termina de despegar”. Si bien su propio informe, del que PERFIL entregó un anticipo hace dos meses, consignaba la no compra por parte del Estado de 8,5 millones de libros, al final el Ministerio de Educación confirmó la compra de una parte de esos libros, la mayoría de texto, “destinados exclusivamente al uso en la escuela. El volumen de compra fue similar al de años anteriores por lo que no esperamos cambios en la demanda privada atribuidos a la compra pública”. Donde sí hubo cambios fue en la literatura infantil: en el 2014 la compra pública alcanzó más de cinco millones de títulos infantiles y representó “más del 50% de la demanda privada”, pero “en 2015 las compras de literatura infantil volvieron a niveles previos (menos de un millón de libros)” y en 2016 no hubo compras. Pese a ello, en 2016 la literatura infantil fue el sector que más creció en la industria, casi duplicando sus ventas, pasando de un 6% a un 10% del total. Otro tanto ocurrió con la literatura juvenil, y esta edición de la Feria dará cuenta de esto.

Oche Califa, director cultural de la Fundación El Libro, ente que organiza la FIL, adelanta que esta edición la programación juvenil atravesará toda la Feria: desde el tercer Encuentro Internacional de Booktuber, “que es el único en su tipo en el mundo de habla hispana” y que contará con la presencia de booktubers de toda Latinoamérica, a la Convención de Bloggers, al Encuentro de Bookstagrammers y a tres mesas de discusión temática. Pero también este año, y para reforzar este espíritu juvenil, “habrá casi una docena de autores internacionales de interés juvenil, como Allen Zadoff, Esther Sanz o Madeline Roux. Dentro del segmento juvenil crece, además de la novela, el cómic”. Otro sector que parece inmune a los vaivenes de la economía es la literatura infantil, cuyo “crecimiento es considerable”. Otros sectores son más fluctuantes, “dependen del éxito de un autor o de cierta predilección que luego encuentra un lugar estable, como pasó hace unos años con la autoayuda o ahora con la divulgación científica; o como pasa en momentos electorales con el libro político”.

Califa dice que son conscientes de que el 2016 fue un año difícil y en tal sentido han tratado de ayudar a los expositores, poniendo “facilidades en los pagos de los stands y oportunidades para ofrecer actividades a menores costos. Por otro lado, por segundo año tenemos, en los días de las Jornadas Profesionales, el programa de envío gratuito para compras al interior, hasta 150 kilos, y al exterior, hasta cincuenta. Esto ayuda tanto al editor como al librero, porque ambos están sufriendo. Vemos con optimismo las iniciativas de los editores jóvenes, que buscan de mil maneras activar sus canales de ventas, y el papel que pueden jugar las cada vez más numerosas ferias en todo el país”.

Editorial Planeta es una de las trasnacionales del mercado editorial argentino, que no necesita la ayuda de la Fundación El Libro y que viene trabajando fuerte en el sector infanto-juvenil, tan fuerte que desde hace unos años cuenta con una gerencia que dirige Adriana Fernández. Ignacio Iraola, director editorial de Planeta, agrega que la gestión de Fernández se vio reflejada en el crecimiento que tuvo el año pasado ese sector: del tradicional 15% pasó a un 17% del total de ventas de toda la editorial. De hecho, hubo títulos que alcanzaron los 250 mil ejemplares vendidos: “Se trata de un crecimiento fuerte. En nuestro caso venimos hace años apostando a este sector. Que otros se hayan dado cuenta tardíamente que tenía mucho que dar es otro cuento”. En esa gerencia, agrega Iraola, entran los youtubers, la literatura erótica juvenil; Planeta, en definitiva, tiene un catálogo generoso y variado, por eso no le extraña lo cosechado el 2016. Incluso, que el sector infantil y juvenil sea el que más creció, indica que “el libro aún tiene vida”, porque son nuevos públicos los que se incorporan a la lectura.

Con respecto a las políticas públicas hacia la industria del libro, Iraola no duda en señalar que “el mercado editorial siempre necesita un soporte mayor: si bien las editoriales no están castigadas por el IVA, sí lo están los talleres, las imprentas, las librerías, y creo que nos deberíamos sentar a conversar con el oficialismo de esto. Que hace falta más, claro, siempre hace falta más”. Que el Estado haya dejado de comprar libros en el 2016, en lo particular no le preocupa tanto, porque las más beneficiadas por esas compras “eran obviamente algunas editoriales muy cercanas al kirchnerismo y a ésas les ha afectado más. Nosotros no dependemos tanto de la compra del Estado, porque somos una editorial comercial que está en librerías. Sin embargo, el hecho de que el macrismo haya dejado de comprar libros me parece miserable, porque el Estado tiene que aportar a la cultura y no restar”.

Hay una idea equivocada, según este directivo, de que Planeta se iba a ver beneficiada con la apertura de las importaciones de libros, ya que “siempre nos hemos caracterizado por la producción local: nosotros imprimimos localmente, siempre lo hemos hecho y sólo hemos traído cosas muy aisladas”. Sin embargo, la idea de que en el mercado argentino hay dos peleas es acertada: por un lado está la de las editoriales mainstream, Penguin Random House y Planeta, y por el otro, la que dan las editoriales independientes: “Creo que esto favoreció la creatividad de los sellos independientes, veo lo que está haciendo Eterna Cadencia, Godot y Sigilo y me saco el sombrero por ellos. Pero no sólo eso, han aparecido nuevos sellos, por eso digo que son peleas distintas”.

Damián Ríos, uno de los editores de Blatt & Ríos, editorial independiente con cincuenta títulos, coincide con el director de Planeta en el sentido de que hay distintas peleas en la FIL: “Yo creo que la feria son muchas ferias: está la feria mainstream, que son básicamente dos grandes editoriales, donde podés incluir a Cúspide, y por otro lado hay un circuito independiente más interesante, donde también hay competencia y  cooperación”. Este espíritu colaborativo se ve en los stands comunitarios: Los Siete Logos, Sólidos Platónicos, La Sensación, Todo Libro es Político y La Coop. Ríos observa que así como hay varios ferias también hay varios públicos: “Por un lado está el gran público, que a lo sumo compra dos libros, por lo general, en los stands de las grandes editoriales, y por otro lado, el público lector, que además de pasar por los stands de las grandes se fija en las ofertas que tienen las editoriales independientes. No hay que olvidarse de que el circuito de las editoriales independientes hace diez años estaba afuera de la FIL”.

Pero más allá del micromercado que se da en la Feria, este editor llama a tener ojo con la política económica y la política cultural del Gobierno, que ha perjudicado mucho al mercado editorial. En este sentido que el Ministerio de Educación haya decidido no comprar como lo venía haciendo, “si bien no es algo que yo tenga la cabeza al momento de publicar, te quita un horizonte, y al no estar más ese horizonte, eso te afecta y te volvés más conservador, es lo que nos pasa a nosotros, los editores independientes. Por otro lado está la baja de las ventas, que no remontan, y supuestamente estamos en la mejor parte del año en cuanto a la venta de libros”. Blatt & Ríos junto a Mansalva, Iván Rosado y Caballo Negro hicieron una inversión el año pasado y por primera vez estuvieron en un stand colectivo a la FIL (La Sensación), “y llegamos empatados, ahora llegamos endeudados. Tenemos que recaudar una plata para pagar deudas con derechos de autor y con la imprenta. Entonces hay que tener una buena feria, la mejor feria posible”.

Pese a las intenciones, ya hay algunos cambios en los stands colectivos. El más antiguo de ellos, el de Los Siete Logos, formado por Eterna Cadencia, Katz, Beatriz Viterbo, Adriana Hidalgo, fue abandonado por Entropía y en su lugar entró la editorial uruguaya Criatura. Según su editor, Gonzalo Castro, “no fue por una cuestión de mercado”, sino más bien por una disconformidad “con el funcionamiento del asunto. Era un fastidio resolver las cosas entre tantos, muy complicado. Así que nos bajamos sin mediar conflicto ni nada”. Esta bajada, en principio, no afectará los títulos que Entropía tiene planeados para este año, o al menos la intención no es ésa: “A priori, tenemos tantos o incluso más títulos que otros años. Veremos cómo termina resultando”.

Sigilo es una de las editoriales destacadas por el director editorial de Planeta. Su editor, Maximiliano Papandrea, cree que para que la industria editorial pueda remontar esta situación hay que abordar todos los sectores productivos: “Sin dudas retomar la compra pública de libros aliviaría a las editoriales beneficiadas, pero no solucionaría la situación actual de las librerías, por ejemplo, ni tampoco la castigada economía del lector”. La gran deuda histórica, para este editor, sigue siendo una “campaña de fomento de la lectura de mediano y largo plazo seria, inteligente, integral, algo que hoy en día parece una completa ilusión”. Pero además de implementar políticas públicas en beneficio del libro, habría que solucionar el problema histórico del precio del papel, o “para apelar a un instrumento más afín a este gobierno, poner en marcha una ley de mecenazgo que sea una verdadera herramienta para desarrollar proyectos culturales con financiamiento privado”, pero no como la ley de mecenazgo del Gobierno de la Ciudad que, según él, “hasta ahora tuvo un funcionamiento errático, árido, poco eficaz y a fin de cuentas no muy útil”.

Fernando Zambra coincide en que, pese a la desfavorable situación, la  industria del libro tiene oportunidades para crecer y que eso depende de las políticas que implemente el Gobierno, sobre todo, aclara, cuando se habla de calidad de la educación: “Es cierto que hay nichos de negocio dentro de la industria que tuvieron que adaptarse a nuevas realidades, como los libros técnicos y profesionales orientados a la actualización profesional. Sin embargo, la revalorización de la lectura en el proceso de enseñanza y en el desarrollo intelectual de los niños abre una oportunidad para crecer en calidad y tamaño del mercado. La compra pública de libros para educación no cubre un libro por alumno en Argentina y, si el desafío es que los chicos comprendan textos y operaciones matemáticas, está claro que allí queda mucho por hacer”. Por otro lado, la demanda privada tampoco supera un libro por habitante, y “en países con mercados más desarrollados, este indicador supera en cinco y diez veces el nuestro. Por lo tanto el desafío de duplicar el consumo de libros sería un objetivo alcanzable. Pero para ello hay que tener estrategias claras y trabajar en conjunto los actores públicos y privados”.

Los planes del Gobierno que van en la línea correcta, y que por suerte se han mantenido según muchos, son la mantención del programa Libro %, el apoyo de Export.ar y el Programa Sur de apoyo a las traducciones. El resto es cruzar los dedos para que la economía se reactive y haya más dinero para comprar libros.


Para no perderse

Cómo se hizo Donald Trump, del premio Pulitzer David Cay Johnston (Tajamar), será una de las atracciones y sorpresas de la Feria. A través de una rigurosa investigación que le tomó casi treinta años, este periodista estadounidense va contando los nexos de Trump y de su familia con la mafia, los sindicatos y ciertos personajes del narcotráfico: desde su abuelo alemán, que instaló un burdel durante la fiebre de oro del Yukón hasta el propio Donald, que en su hotel y casino de Atlantic City “suministraba, a cambio de una buena suma, lo que quiera que se le antojara al cliente, ya se tratara de sexo ilegal, drogas o cualquier cosa”. El libro, que ya lleva once ediciones por el mundo, no sólo muestra a una persona que no debió haber llegado a la primera magistratura sino también los principios que han regido su vida: no confiar en nadie y la venganza como política. Pero también muestra a alguien cuya primera motivación ha sido el dinero y el ansia por figurar. Stand Waldhuter.

Noche caliente, de Lee Child (Blatt & Ríos). Es una agradable sorpresa que una editorial independiente publique por primera vez en Argentina al escritor inglés Lee Child. Especializado en thrillers, su personaje Jack Reacher, un militar retirado que parece tan chispeante como indestructible, se ha hecho tan famoso como Sherlock Holmes. En el cine lo interpretó Tom Cruise y en una de esas películas el villano fue nada menos que Werner Herzog. Este libro trae dos nouvelles: una se centra en el famoso apagón de Nueva York y tiene de protagonista a un joven Jack Reacher y la otra se centra en el hermano de Jack, Joe, también militar, justo antes de la guerra contra Iraq. Con prólogo de Elvio Gandolfo, Noche caliente trae un autor imprescindible para los que aman la lectura y el thriller de buena factura. Stand La Sensación.

Largo viaje, de Diego Muñoz Valenzuela, ilustrado por Virginia Herrera (Libros de Mentira). Los libros infanto-juveniles, de booktubers e ilustrados en general serán la atracción de esta edición de la FIL. Largo viaje demuestra que no sólo el fenómeno es argentino, sino que latinoamericano y mundial. A diferencia de la propuesta general de los libros ilustrados, éste está dirigido a un público más adulto, con un vuelo literario mayor, con un lenguaje cercano a la poesía. Su autor tiene una vasta trayectoria en su país. Stand de Chile.

Una aventura, de César Aira (Mansalva). Nunca se sabe por cuánto tiempo la última novela de Aira será la última, antes de que aparezca una nueva. Pese a ello, hay que decir que es una de las mejores que publicó en los últimos años. A grandes rasgos, aborda cómo una experiencia vital, sin ser contada ni escrita, puede transformarse en experiencia literaria; tiene en este sentido mucho de Macedonio Fernández, en especial cuando esconde esa experiencia detrás de un secreto que nunca se devela por completo, ya que se va postergando y postergando hasta que la novela termina. Con Una aventura, Aira demuestra otra vez que es ese niño que desarma cajas y las mira desde todos los puntos de vista, hasta que encuentra uno original, que se le ha escapado a la mirada habitual, y lo muestra como literatura.


Extranjeros en casa

Pese a la situación de la industria editorial, los expositores de la Feria coinciden en poner la mejor cara al mal tiempo: muchas editoriales guardan sus mejores novedades para esta época, títulos que saben que los lectores buscarán así como autores internacionales que vendrán al encuentro de esos lectores. La programación de la FIL va más allá de lo infantil o juvenil: como la ciudad invitada es Los Angeles, se darán cita varios autores estadounidenses; también vendrán autores europeos, como Alessandro Baricco, Javier Cercas y Bernard Schlink, y latinoamericanos, como Liliana Colanzi, Paulina Flores y Emiliano Monge. Nuevo Barrio, nuevo espacio creado el año pasado con el fin de favorecer la exhibición de editoriales de provincia y extranjeras, este año contará con una interesante muestra de literatura ecuatoriana. Entre los diversos homenajes habrá uno muy especial a la editora, traductora y crítica Adriana Astutti, fundadora de Beatriz Viterbo Editora en los 90 y fallecida tempranamente en enero pasado, a cargo de Ana Porrúa y Damián Tabarovsky.


Gonzalo León


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