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transcripciones

Un libro subrayado

Me limitaré, como podrá advertirse a continuación, a transcribir algunos párrafos de un libro que estuve leyendo. Viernes 14 de Julio de 2017 22:39 hs.

Me limitaré, como podrá advertirse a continuación, a transcribir algunos párrafos de un libro que estuve leyendo. ¿De cuál de tantos? Del libro Grandes entrevistas a ídolos de Boca, de Diego Borinsky, editado por El Gráfico en 2013, compilación de varios reportajes antes publicados en la revista.

Transcribo, para empezar, palabras de Jorge Bermúdez: “Me decepcioné con quienes manejaban a Boca (…). En 2001 estaba hecho el pase al Besiktas, pero se cruzaron intereses personales de algunos dirigentes y se decidió que era más importante el bolsillo de alguien que mi futuro”.

Transcribo ahora un relato de militancia barrial de Ernesto Mastrángelo: “Fuimos con Roberto Mouzo casa por casa todos los días durante cuatro meses a tocarles timbre a los socios. A Mauricio, las encuestas le daban que perdía en vitalicios. Y también que el mejor equipo de la historia era el de Lorenzo, entonces me eligió. Teníamos el padrón y entre mi señora y mis hijos me armaban un recorrido diario por Boca y Barracas y tocábamos el timbre en las casas de los vitalicios”. Y transcribo, a continuación, el relato de una decepción ante el crudo desagradecimiento: “Yo te consulto una cosa: ¿cuántas veces Boca salió campeón del mundo? Tres, ¿no? ¿Cuántos anotados hay por plantel? Unos veinte, ¿no? Y me pregunto: ¿es tan difícil agarrar una plateíta, aunque sea en un rincón, para los campeones del mundo? Tomen: ésta es la platea para ustedes, con los nombrecitos arriba, en un rincón. ¿No te parece que estaría bien?”.

Transcribo palabras de Alberto Márcico: “A Macri lo salvó Bianchi, sin ninguna duda. Y a Boca lo salvaron Carlos Heller y Antonio Alegre”.

Transcribo la respuesta que dio Rolando Schiavi ante la pregunta por el dirigente que le resultó más duro para la negociación salarial: “Macri. No te aflojaba nada”. Y transcribo la respuesta que dio Hugo Ibarra, ante la pregunta de si él mismo se sentaba a discutir su contrato con Macri: “Sí, Mauricio era difícil (…). Tuve que ir a Socma, su empresa”.

Transcribo una pregunta de Borinsky a Hugo Ibarra: “¿Tocaste el cielo con las manos el día que Macri te besó el pie?”. Transcribo la respuesta de Ibarra: “El sueño del pibe: el niño rico a los pies del pobre…”.

Transcribo finalmente la respuesta que ofreció Roberto Mouzo a la pregunta de por qué razón lo echaron como director técnico de las divisiones inferiores del club: “Todavía no lo sé: en ocho años pasé por todas las divisiones y no falté ni una sola vez. El 30 de diciembre del 2003 me llegó el telegrama sin una explicación”. Y a la pregunta: “¿No lo hablaste con Macri? Vos habías trabajado duro para su campaña”, esta respuesta, que transcribo: “Mauricio me llamó al año para invitarme a la fiesta del Centenario y le contesté que no estaba de ánimo, era más fuerte el dolor. El día de la fiesta me encerré en mi pieza, destrozado, y me puse a llorar (…). Tuve que iniciar acciones legales porque no me querían indemnizar. Macri se enojó, decía que no tendría que haberle hecho nada a Boca. No es así, Mauricio, ¿cómo defendía, si no, ocho años de trabajo sin faltar un solo día?”.

Entre los goles y los campeonatos evocados, transcurren, subrepticios, todos estos relatos punzantes: relatos de negocios sin escrúpulos ni contemplaciones, relatos de berretines de clase, de ingratitudes personales y decepciones, de inflexibilidad salarial y flexibilización laboral, de derechos arrasados para hacer que las cuentas cierren.

Se dice muy a menudo que el fútbol sirve para la distracción social, para la despolitización general, para vaciar el pensamiento. No me propongo poner en discusión aquí los asertos de esa especie. Pero sí, en todo caso, plantear esta sencilla cuestión: ¿y qué pasa cuando es la propia política la que impulsa la antipolítica? ¿Qué pasa cuando es la propia política la que se resuelve, ella misma, en banales distracciones? ¿Qué pasa cuando es la política la que, con berretadas new age y tonteras de autoayuda es la que se aboca a vaciar pensamientos? De pronto el fútbol, más que para la distracción, puede servir para la puesta en foco: para despejar y ayudar a entender.



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