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FIFA

Dialéctica a martillazos

Vestido de negro y con guantes por la nieve, Maradona tiene las piernas redondas como tubos, menos cintura que un pollo y los hombros duros como un mueble. Domingo 15 de Enero de 2017 06:44 hs.

—Ustedes no han comprendido todavía –observó Rambert alzando los brazos.

—¿Qué?

—La peste.

—¡Ah! –dijo Roux.

—No, ustedes no han comprendido que su mecanismo es recomenzar.

Albert Camus (1913-1960); de su novela ‘La peste’ (1947).

 

Vestido de negro y con guantes por la nieve, Maradona tiene las piernas redondas como tubos, menos cintura que un pollo y los hombros duros como un mueble. Sin embargo, no aconsejaría a ningún habitante de este planeta chocar con él en busca de la pelota. Antes que nada, porque Maradona es tan fuerte como aquel Scania que alguna vez manejó por Barrio Parque. Y además, porque no está acostumbrado a perder, no le gusta, se enfurece.

Cuando pierde, en todo caso, gana un enemigo para la causa. ¿Cómo es eso? Ganar después, para dedicarle el triunfo. Así funciona, y por eso tiene la colección de ex amigos más grande de este planeta. Un mundo binario donde sólo existe el aquí nosotros y allá, ustedes. El enemigo lo alimenta. Esa es su furia.

Pocos recuerdan al príncipe jordano Ali Bin Al Hussein, el que quería ser presidente de FIFA y era pollo de Maradona. Perdió, claro. Y cuando en febrero del 2016 asumía Infantino, lo acusó: “Traidor”. Para qué. Su aliado fue más allá: “Infantino es el más traidor de todos. ¡Tiene a su jefe Platini con la soga al cuello y sigue trabajando como si nada. ¡No podés pasar de remover las pelotitas de los sorteos a presidente”. Es obvio que entre pelotita y pelotita, algo habrá pasado durante estos meses porque hoy se aman como hermanitos gemelos.  

Gianni Infantino, abogado de 46 años, suizo-italiano, cuatro hijos, puede hablar seis idiomas, calvo. Desde el año 2000 se especializó en el Centro Internacional de Estudios Deportivos de la Universidad  de Neuchâtel. Sólo jugó al fútbol en los campitos. Se le nota en las piernas, vacilantes como juncos. Otro detalle: jamás presidió ningún club, ni fue vice o miembro de una comisión.

Maradona, el mejor futbolista de todos los tiempos, capitán de sus equipos, campeón del Mundo, pésimo entrenador y embajador de no sé qué de Dubai, vive de su gloria, bien ganada. Pero tampoco fue dirigente. Nunca. Qué curioso.

Maradona está feliz porque siente que, por primera vez, le están dando la importancia que su figura merece. También está feliz el astuto Gianni. Por más que haya juntado a Batistuta, Cafú, Trezeguet, Aimar, Puyol, Toldo o Dessailly entre otros ex cracks de elite para jugar junto a él y celebrar el premio FIFA the best, todo el evento era Maradona.  

Sólo cuando Gianni se enteró de que Messi y los capitanes del Barça no irían, se le borró su sonrisa dibujada. Fue un instante, pero lo sintió. Lo dicho: clima distendido, chistes, camaradería entre el presidente de la Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez y el de la Concacaf, el canadiense Víctor Montagliani, champagne, exquisiteces, hermosas mujeres. Gran fiesta, ¡gran noticia!

En 2026 habrá un Mundial de 48 equipos. ¡48!. Nuestros mellizos GI y DAM lo explicaron con candor: la intención es darle una oportunidad a los equipos que nunca podrían ir a un Mundial. Gesto transparente, generoso, altruista. Ninguna sospecha, ningún interés.

Otros se preguntan. ¿No será para asegurarse votos para la próxima reelección? –Ups, ¡48 es il morto que parla! Este era el sistema de Don Julio para hacerlo ganar a Blatter. Un equipito, un votito. ¡Fue él, les habló!–; ¿No será porque es más rentable repartir sedes en diferentes países? ¿Y acumular más derechos de televisión? ¿Y multiplicar los ingresos por turismo, marketing, ventas de todo tipo y por mucho más tiempo? Este cambio podría dejarle a la FIFA más de 650 millones de euros sobre los cálculos hechos para Rusia 2018. Wow.

Aunque en España, Alemania, Italia, hacen cola para destrozar la idea, Maradona, incondicional, comprendió enseguida las ventajas de contar con 48 participantes. Raro. Porque todos lo oímos, mil veces con la misma canción: “Este engendro de aumentar a treinta equipos que nos dejó Grondona es el último desastre que dejó en esa cueva de corruptos”. Es bizarro. Pero ambas ideas, salvando las enormes distancias de todo tipo, nacen de la misma argumentación.

Mientras en la FIFA todo era la felicidad en la nieve, acá en Argentina los clubes se funden, y no por el calor. Maradona y su calvo favorito no parecen haber pasado de la crítica de pasillo, si hablaron sobre Argentina. Qué extraño. Maradona fue a La Candela a tomar unos mates y charlar con Chiqui Tapia, operador incansable y hoy, con la mayoría en su bolsillo. Sin información, no viajó.  

Maradona, la Ira de Dios, brama: “Llegué a FIFA para limpiar la AFA. Lo voy a hacer. Si tengo que pisar cabezas, lo haré. No voy a perdonar a nadie. Le dije a Infantino que los de la Comisión Normalizadora se van. ¡Infantino quiere que yo dé el último martillazo!”.

Al mismo tiempo, en la calurosa Buenos Aires, el player de Defensores de Macri Javier Medín y la bella Carolina Cristinziano –Armando Pérez sigue recuperándose y Pablo Tovoggino es un disidente–, eludían el martillazo maradoniano y llamaron a una asamblea que reforme el estatuto el 14 de marzo. ¡Ops! ¿Quién habrá dado el OK?

Si los clubes paran con su guerra interna y se ponen de acuerdo para que el reparto de los derechos televisivos sean razonables y dejan una puerta entreabierta para la llegada de las SAD –viejo fracaso de Macri que hoy quiere poner en marcha sí o sí–, después de mil roscas habrá presidente el viernes 28 de abril en el predio Julio Humberto Grondona, en Ezeiza. ¡Chan!

La mayoría la tiene el Ascenso. La Asamblea tiene la facultad de rechazar hasta dos veces el estatuto. Pero si esto sucede, no habrá manera de evitar una sanción. Mmm… Nadie come vidrio. Eso es tan poco probable como que Donald Trump y Putin sean amiguísimos.

¿Qué? ¿Qué se caen bárbaro? Wow. La vida es rara, compatriotas.



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